viernes, 13 de abril de 2012

EL TALENTO DEL GUEPARDO

Somos una especie animal un tanto extraña. Tenemos tanto empeño en destacar con respecto al resto de las especies animales, desmarcarnos con respecto a ellas, que acabamos cayendo en el error de crear necesidades que realmente no lo son como tal. Y acabamos convenciéndonos de que esas "necesidades" creadas pueden acabar siendo mejor que las propiamente humanas. Imaginémonos, por ejemplo, cómo en nuestra cultura hay un amplio porcentaje de personas que están plenamente convencidas que a nuestras crías, nuestros bebés, nuestra propia leche, la "diseñada" por nuestra propia naturaleza, puede ser perjudicial. Incluso nos llegamos a convencer de la importancia de otro tipo de objetos en verdad innecesarios, como el chupete, el tacatá, los mordedores,...
Y lo que es peor aún: nos hemos acostumbrado a domesticar a otras especies en propio beneficio, lo cual no tiene por qué ser necesariamente negativo. Sólo cuando nos autoproclamamos superiores al resto, colocándonos en la cúspide de una pirámide diseñada, cómo no, por nosotros mismos. Pero aunque se pueda tener la ilusión de ser "superiores", lo cierto es que también somos una especie única en cuanto a ciertas cuesiones, como la homofobia.
En ese empeño por domesticar, pasamos por alto un aspecto fundamental: la confusión entre "educar" y "amaestrar", e incluso "domar". De esta forma, nos acabamos encontrando que se pone freno a la naturaleza, a las necesidades vitales reales, pero al mismo tiempo se exige que esas necesidades queden satisfechas... caótico, singular, extraño, un sin-sentido. Ese es el resultado de exigir alzar el vuelo al ave, al tiempo que se le corta las alas.

Hace unos pocos días que leí en el blog de ARETÉ esta hermosa y muy recomendable metáfora, especialmente para seguir trabajando la comprensión del intelecto humano y más concretamente para continuar ahondando más en cuáles son las necesidades reales de las personas con alta capacidad intelectual, y del absurdo generado entorno suyo.
  
¿ES UN GUEPARDO?, por Stephanie S. Tolan (1996)
Es un momento difícil para enseñar o ser un niño de altas capacidades. Dado que el término “altamente dotado” y la capacidad intelectual a la que dicho término hace referencia se está convirtiendo en algo cada vez más políticamente incorrecto, el sistema educativo va modificando la terminología que a ello se refiere y en consecuencia su enfoque sobre el mismo.
La superdotación, como una capacidad integral y global, puede ser apartada, sustituida por talentos fragmentados que siempre resultan menos amenazantes para la escuela y teóricamente más fáciles de afrontar. En vez de una realidad evolutiva interna que afecta a cada aspecto de la vida del niño, el talento intelectual se percibe cada vez más como “sinónimo de” y “limitado a” talento académico.
El niño que va bien en el colegio, saca buenas notas, gana premios y progresa por encima de lo “normal” para su edad, se considera talentoso. El niño que no se ajusta a ese perfil, con independencia de sus capacidades intelectuales innatas y su nivel de desarrollo, tiene cada vez menos probabilidades de ser identificado y atendido como tal.
La metáfora del guepardo puede ayudarnos a aproximarnos al problema. El guepardo es el animal más veloz de la tierra. Cuando pensamos en los guepardos lo primero que nos viene a la cabeza como un flash es su velocidad. Es impresionante. Es única. Y nos permite realizar su identificación muy rápidamente. Puesto que los guepardos son los únicos animales que pueden correr a 70 km/h, si ves a un animal corriendo a esa velocidad...¡ES UN GUEPARDO!
Pero los guepardos no siempre están corriendo. De hecho, sólo son capaces de mantener esa velocidad punta por un tiempo limitado, después del cual necesitan un largo período de descanso.
Sin embargo, no es difícil identificarlos cuando no corren gracias al resto de sus características. El guepardo es dorado con manchas negras, como el leopardo, aunque posee unas marcas únicas en su rostro que salen de sus ojos hacia abajo (marcas de lágrima). Su cabeza es pequeña, su cuerpo flaco, sus patas anormalmente largas. Posee características muy críticas para ser un corredor. Es el único miembro de la familia felina que carece de garras retráctiles. El resto de felinos cuidan y afilan sus garras retráctiles para mantenerlas en buen estado, como si fueran cuchillas envueltas en una vaina. En cambio, las garras del guepardo no están diseñadas para cortar, sino para procurarse tracción y darse impulso. Es un animal biológicamente diseñado para correr.
Su principal alimento es el antílope, un corredor prodigioso. El antílope no es grande ni pesado, así que el guepardo no necesita ni fuerza ni corpulencia para atraparlo, sólo velocidad. Lo atrapa en carrera sometiéndolo hacia abajo. Además de ser práctico, el diseño natural del guepardo le proporciona una energía interna muy poderosa. El guepardo necesita correr.
A pesar de su diseño, además se necesitan ciertas condiciones para que el guepardo alcance su famosa velocidad punta de 70 km/h. Tiene que estar bien desarrollado, en buenas condiciones de salud, en buena forma y bien descansado. El guepardo debe tener muchísimo espacio para correr. Por supuesto, estará más y mejor motivado para correr cuando esté hambriento y haya antílopes que cazar.
¿SEGUIRÁ SIENDO UN GUEPARDO? Si un guepardo está encerrado en una celda de 10x12 pies, aunque le veamos arrojarse plácidamente contra los barrotes, se encontrará inmerso en una frustración sin fin y no podrá correr a 70 km/h.
¿SEGUIRÁ SIENDO UN GUEPARDO? Si un guepardo solo tiene que correr a 20 km/h para perseguir conejos para comer, no correrá 70 km/h para cazar. Si lo hicera, adelantaría a su presa como un rayo y seguría hambriento! Por mucho que debiera correr para mantenerse en forma y desarrollar sus potencialidades innatas, si solo se le facilitan conejos, el guepardo solo correrá lo suficiente como para cazar conejos.
¿SEGUIRÁ SIENDO UN GUEPARDO? Si el guepardo es alimentado con comida en un zoo, no correrá para nada.
¿SEGUIRÁ SIENDO UN GUEPARDO? Si el guepardo está enfermo o tiene sus patas rotas, no correrá nunca más.
¿SEGUIRÁ SIENDO UN GUEPARDO? Finalmente, si un guepardo solo tiene seis semanas de edad, todavía no podrá correr a 70 km/h.
PERO ENTONCES, ¿SEGUIRÁ SIENDO GUEPARDO AUNQUE SOLO SEA EN POTENCIA? Un sistema educativo que define el talento o la superdotación en términos de comportamiento, logros y rendimiento verá comprometida su capacidad para reconocer a sus alumnos altamente dotados, así como su capacidad de ofrecerles lo que necesitan, del mismo modo que un zoológico no podrá reconocer y cuidar a sus guepardos si sólo intentan identificarlos por la velocidad (en el zoológico el guepardo, obviamente, no puede demostrarla). Cuando un guepardo corre a 70 km/h no es que se muestre como un guepardo “especial”. Lo que hace es algo que ningún otro felino es capaz de hacer, pero sí lo que haría cualquier otro guepardo.
Respecto a los leones, los tigres y los leopardos (como para cualquiera de los grandes felinos), las cualidades biológicas del guepardo podrían incluso ser calificadas de “deformidades”. En vez de parecer el felino perfecto, el mejor de los felinos, se asemeja más a un gato cualquiera. Carece de envergadura suficiente para echar a bajo una bestia, carece de garras retráctiles para atemorizar a una presa grande. Pero dada su tendencia a la actividad, si lo comparamos con los gatos normales, a los que les encanta dormitar al sol, el guepardo bien podría ser etiquetado de hiperactivo.
Como los guepardos, los niños altamente dotados pueden ser fácilmente identificados. Si un niño aprende por sí mismo Griego a los cinco años, lee a los seis años como un niño de dos cursos por encima y hace cálculos precozmente, podemos suponer con bastante seguridad que se trata de un niño altamente dotado.
Aunque la gente pueda ver esas actividades como un logro del niño, no se trata realmente de un logro como tal, sino de algo que el niño hace con normalidad de acuerdo a su propio diseño biológico y su capacidad mental innata. Este niño necesitará que le ofrezcan espacio para correr y algo por lo que correr. Se encuentra bien, saludable, y no tiene sus capacidades “mermadas” o “lisiadas”. En principio, no ofrece conocimiento sobre las características de los niños altamente dotados para reconocerlo como tal.
Sin embargo, las escuelas para los niños extraordinariamente inteligentes son como los zoológicos para los guepardos. Muchas escuelas ofrecen jaulas de 10x12pies, pero no espacio suficiente para que esas mentes tan atípicas o inusuales puedan alcanzar su velocidad punta. Muchos niños de altas capacidades están sentados en clase igual que los grandes felinos lo hacen en sus jaulas del zoo, con ojos de aburrimiento y en silencio. Algunos de estos niños, incapaces de soportar su instinto interior incluso cuando no se les permite ejercitarlo, gruñen y arremeten contra sus cuidadores o se lanzan contra los barrotes hasta hacerse daño a sí mismos.
Incluso las escuelas abiertas y de enriquecimiento son como un medio ambiente artificial semejante al que encuentra el guepardo en zoológicos abiertos, que le permiten correr de forma moderada, pero no tanto como necesita un guepardo en crecimiento, para desarrollar la musculatura y la estamina que requiere para ser un veloz corredor que pueda alcanzar los 70km/h. Los niños enjaulados o encerrados, da igual lo brillantes que sean, no pueden mostrarse como niños altamente capacitados. Les impiden ejercitar sus mentes durante demasiado tiempo, estos niños no podrán nunca ser capaces de alcanzar el nivel de funcionamiento mental para el cual están dotados.
Un zoológico, por mucho espacio que proporcione a sus guepardos, no les permite alimentarse con antílopes, no les permite correr para cazar ni tampoco les concede sentirse hambrientos. De forma similar, las escuelas proveen muy pocas ocasiones para el desarrollo de las mentes extraordinarias. Incluso cuando se les facilite un programa de enriquecimiento, su equivalencia intelectual para estos niños es como si al guepardo le concedieran en el zoo cazar conejos a 20km/h (...) Sin un programa educativo especial, lo que hacen las escuelas con estos niños es darles el equivalente académico al alimento del zoo, comida que no requiere ningún esfuerzo para ser conseguida. Algunos niños de altas capacidades rehúsan formar parte de esos programas de enriquecimiento por considerarlos comida muerta y carente de interés.
Para desarrollar no solo la habilidad física sino además las estrategias para atrapar antílopes en el medio salvaje, un guepardo necesita antílopes a los que poder perseguir, espacio para perseguirlos y un modelo de guepardo del que poder aprender cómo se hace. Sin instrucción y práctica, los guepardos son incapaces de poder aprender destrezas esenciales de supervivencia.
Un reciente documental de naturaleza sobre guepardos en un país de leones mostraba una curiosa realidad salvaje. Los leones matan cachorros de guepardo. No lo hacen para comérselos, los matan sin más. Los leones llegan a trabajar muy duro para encontrarlos y matarlos (a pesar de que los guepardos no supongan para ellos ninguna amenaza a su supervivencia). ¿Se debe esto a la maldad? ¿Es puro recreo? Nadie lo sabe. Sólo se sabe que los leones lo hacen. Las madres guepardo tienen que ocultar sus guaridas y realizar enormes esfuerzos para proteger a sus crías, yendo y viniendo hacia la guarida exponiéndose a la desprotección, en medio de la noche o cuando los leones están alejados. Muchos niños superdotados y sus familias a menudo se sienten como guepardos en un territorio de leones.
En algunas escuelas, a los niños brillantes les hacen hacer cosas para las que no fueron diseñados para hacer (del mismo modo que si al guepardo le obligas a estar atento para cazar una bestia salvaje sirviéndose solo de sus garras...a fin de cuentas, los leones pueden hacerlo!!), mientras que los atributos que sí son un aspecto natural de su inusual capacidad mental -intensidad, pasión, alta energía, independencia, razonamiento moral, curiosidad, humor, intereses inusuales y persistencia en la verdad y el rigor- son considerados problemas que han de ser “enderezados”.
Los niños brillantes pueden sentirse rodeados de leones que se se divierten con ellos y les evitan por sus diferencias, que pueden incluso llegar a partirles las piernas o “drogarlos” para obligarles a ser lentosde movimientos, mientras que el resto, los leones, pacen tranquilamente. ¿No sería extraño que pudieran intentar escapar, que pudieran disfrazarse de leones sin ser descubiertos, que pudieran intentar luchar?
Pero esta metáfora del guepardo, como cualquier otra, se desvanece, no sirve. Los niños de altas capacidades no tienen marcas en el cuerpo ni garras no retráctiles a través de las cuales ser identificados cuando no se les deja realizarse. Además, la habilidad del guepardo para alcanzar la velocidad de 70 km/h es una marca tan evidente y única que podría ser fácilmente “registrable”. Los niños de altas capacidades son muy diferentes de los demás, no hay una única/sola capacidad que buscar para identificarlos cuando se están desenvolviendo y realizando tal cual son. Más aún, un niño de altas capacidades puede estar fuera de la definición académica universal de logro y así ser totalmente irreconocible. Esta verdad puede que salve a algunos niños de ser matados por los leones traicioneros, pero también les aleja de ser reconocidos por lo que son- niños con profundas e innatas diferencias, tan evidentes como las que existen entre los guepardos y otros grandes felinos.
Que no puedan ser identificados al instante no significa que no existan medios para hacerlo. Esto significa que se necesitan más tiempo y esfuerzo para llevar a cabo su identificación. Los educadores pueden aprender los atributos de una inteligencia fuera de lo normal y cómo observarlos muy de cerca en casos individuales. Los educadores pueden detectar que los niños de altas capacidades pueden hacer cosas que otros niños no pueden hacer, pero también que hay tareas que otros niños sí pueden hacer y los niños de altas capacidades no.
Cada organismo posee unas instrucciones internas para completar su diseño biológico. La misma verdad es aplicable a los niños inusualmente talentosos. De vez en cuando los barrotes de la jaula tienen que ser abiertos, la comida del zoológico, tan barata como es, debe dar paso, al menos alguna vez, a alguna presa que suponga un desafío mental. Pero más allá de esto, las escuelas deben plantearse que es importante hacer el esfuerzo, que estos niños no sólo tienen las mismas necesidades de protección y cuidado que el resto de niños, sino que tienen tanto DERECHO como el resto a poder tener sus necesidades satisfechas.
La biodiversidad es un principio fundamental para la vida en nuestro planeta. Permite que la vida se adapte o evolucione. En nuestra cultura, los niños de altas capacidades, como los guepardos, se encuentran en peligro. Como los guepardos, están aquí por una razón: llenan un nicho biológico particular en el diseño de la vida. Los zoológicos, con sus limitaciones, son una forma crítica para mantener la supervivencia de los guepardos. Muchos hacen verdaderos esfuerzos, sus mejores esfuerzos, para ofrecer a sus cautivos lo que realmente necesitarían para sobrevivir en el mundo salvaje. Las escuelas pueden hacer lo mismo por sus alumnos de altas capacidades.
Hasta que no nos comprometamos en salvar a esos niños, continuaremos perdiéndolos y con ellos los beneficios que sólo ellos con su existencia pueden ofrecer a la especie humana, de la cual ellos son una parte esencial. Es nuestra obligación.
NOTA DE LA AUTORA: Por favor, difundan ampliamente este artículo si lo encuentran útil. Se apreciará cualquier contribución para su mejora. Stephanie S. Tolan
TRADUCCIÓN DEL ARTÍCULO ORIGINAL
“Is it a cheetah?”, Discurso ofrecido en la Conferencia Hollingworth para las Altas Capacidades (1992), Copyright 1995, Stephanie S. Tolan. Disponible online desde Nov. 2003 en Artículos y Recursos de SENG-Supporting Emotional Needs of Gifted (Apoyo de las Necesidades Emocionales de los Superdotados), www.sengifted.org, por Almudena Franco Ayestarán.

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