lunes, 7 de octubre de 2013

UNA EXPERIENCIA EN PRIMERA PERSONA: ALTAS CAPACIDADES EN LA VIDA ADULTA

**Experiencia autorizada a ser difundida en este blog por el autor de la misma. (vía AMUACI)

Lo sé desde los 21 años*, año en el que un fuerte cuadro depresivo me llevó a la consulta de un psicólogo clínico. Afortunadamente, me encontré con un buen profesional que fue capaz de percibir el problema.  Y, siempre afortunadamente, supo orientarme adecuadamente. Pero hasta que recibí esa ayuda, la primera, créanme que el recorrido fue duro (por desconocido) aunque ahora a mis cincuenta años lo recuerde hasta incluso con simpatía.
Desde luego a quien nada puedo reprochar es a mis padres, personas sin formación psicopedagógica para entender nada de lo que me sucedía, pero a quienes sí puedo acusar de dejadez profesional y falta de formación adecuada es a todos los profesores que tuve hasta entonces.
Y no crean que la EGB,  que por cierto no acabé (característica frecuente en los jóvenes ACI), la hice en un colegio público de provincias sin recursos. Fue en un centro concertado del movimiento de renovación pedagógica Rosa Sensat en Barcelona, un colegio pro-catalanista donde no se daba religión en horario lectivo, teníamos asignaturas como Cinema (recuerdo haber visto El acorazado Potemkin y Viaje alucinante y haber rodado películas en 8mm) y Dança (mi profe era Salvador Mel·lo el que, en 1982, organizó la coreografía del acto inaugural del Mundial de Fútbol en el Nou Camp) y convivía perfectamente el catalán con el castellano en las asignaturas sin problemas.
Era un claustro políticamente comprometido con el catalanismo, cosa que me parece lógico y perfecto en Catalunya, y que puso en marcha un modelo educativo adaptado a las, supongo, lagunas que detectó en el «modelo convencional» nacionalcatólico. Pero ni siquiera en este colegio se preocuparon de las Altas Capacidades Intelectuales .
Posiblemente nadie se preocupaba de eso a finales de los sesenta y setenta. Todos los profesores usaban una frase muy socorrida para explicar nuestro problema no es tonto pero no estudia. Y así daban (y todavía dan) por zanjada la atención individualizada que por su profesión se les exige.
—¿Qué hacemos con el niño? —preguntó mi padre — al tutor, docente y experto profesional ante el desastre académico que se avecinaba.  —Pues mándelo a la FP y a mí qué me cuentan  —sentenció el tutor— harto de mi caso.
Y así empecé la bendita FP (bendita por lo que de estabilidad laboral me dio muy pronto) en un instituto hispano-francés de Barcelona y luego en el Politécnico de Cartagena. Y tampoco ningún profesor, ya en los ochenta y en la pública, se molestó en hacer su trabajo bien. Recuerdo tan sólo a dos con agrado pero ninguno quiso dedicarle tiempo a averiguar nada… pésima estadística.
Eso hizo que iniciara un intuitivo y vital acercamiento al Conocimiento (así, en mayúsculas) de forma autodidacta (método de aprendizaje habitual en gente con Altas Capacidades ). Los primeros libros comprados por mí para leer lo que me diera la gana sin más asesoramiento que mi propia intuición fue a los catorce años y, a los dieciséis, empecé a leer El País diariamente.  Antes tenía la costumbre de coger los voluminosos tomos del diccionario Sopena y leer palabras raras o cogía libros «de mayores» (afortunadamente mi padre era un gran lector y la casa estaba llena de libros) y me dedicaba a copiarlos en una libreta o a máquina de escribir.
Por aquél entonces mis endebles inquietudes intelectuales se centraban en los ovnis, la parapsicología y la ciencia ficción aunque muy pronto fui derivando hacia libros relacionados con la Astronomía, la Ciencia en general y la Historia. Supongo que será fácilmente comprensible qué puede sucederle a cualquier persona cuando vive internamente una fuerte contradicción entre lo que él aprecia y considera válido (lecturas personales) y lo que le obligan a hacer y que rechaza por inútil (la materia del colegio): que surge un fuerte conflicto mental que puede degenerar en diversas somatizaciones, agresividad e incluso en una fuerte depresión (consecuencia de una atención educativa inadecuada en los jóvenes ACI).
Y aquí creo que se produce uno de los momentos críticos (si no el peor) de estos sujetos. Porque una somatización en la adolescencia puede derivarlos hacia infinidad de direcciones erróneas: drogadicción, agresividad irracional, huida… y aquí es donde creo yo que me salvé al aparecer un psicólogo que me hizo el test WAIS (Wechsler para adultos) y me ubicó en la famosa campana de Gauss: tenía 136 de CI en la escala verbal y 151 en la escala manual. Eso me situaba (y me sitúa) en un Cociente global de 145, lo que significa que ando por encima del 99,8650% de la población mundial. Es decir que, como yo o por encima de mí, sólo hay un 1,35 por mil de humanos.
Pero este país no es un país apto para estos perfiles. No se sabe qué hacer con ellos. Mientras que en otros países se les busca, selecciona y prepara para ofrecer algún tipo de servicio a la comunidad o a la nación, favoreciendo su integración (el individualismo es una característica en nosotros), aquí son personas molestas que entorpecen la convivencia con sus comentarios y «les cuesta integrarse», como suelen argumentar los que le rodean . Y entonces acabamos acentuando el individualismo o mediocrizándonos para ser aceptados por el grupo (los niños ACI terminan ocultando sus Altas Capacidades para ser aceptados o se aíslan completamente de la sociedad).
La única forma de reajustar esa profunda contradicción existencial es conociendo lo que ni los profesores ni el Estado supieron ofrecerme ni a mí ni al 90% de chavales ACI no detectados que hay actualmente escolarizados en el sistema educativo español: un diagnóstico. Un sujeto ACI prácticamente se cura en cuanto recibe La Noticia. Conocer qué nos sucede obra como un gigantesco bálsamo. Queda todo explicado tanto a él como a la familia.
Yo, tras el diagnóstico y cuando ya me había largado de casa (decisión que recomiendo porque permite una construcción personal sin injerencias no deseadas), decidí profundizar en mí mismo a través de un durísimo y caro psicoanálisis que me llevó unos cinco años. Sé que este tipo de terapia no está bien vista por muchos profesionales de la psicopedagogía pero los fármacos que me proponían como alternativa no me parecía una respuesta inteligente y yo lo que quería era precisamente eso: respuestas inteligentes. Y créanme que, para un ACI, un psicoanálisis es esclarecedor. Más bien podemos decir que este tipo de terapia, con un alto componente de comprensión intelectual abstracta y metafórica, encaja como un guante con nuestras personales características mentales.  Se pase o no por un psicoanálisis lo cierto es que, una vez reajustado mentalmente de adulto, la vida común y cotidiana en este país lleno de mediocres es demasiado sencilla para nosotros.
Es tal la simpleza mental que nos rodea que resulta demasiado fácil hacer fáciles las cosas difíciles… siempre y cuando, claro está, no intentes cambiar un entorno que lo último que quiere es eso, cambiar. Simplemente, aprovéchate del bajísimo nivel intelectual y formativo de tu país. Eso sí, sufriendo en silencio el problema, como las hemorroides.
Yo solo me he lanzado a contarlo cuando ya a mis cincuenta años coincidí en unas jornadas de altas capacidades con un viejo amigo que me contó el problema que tenía con su hijo. Fue entonces cuando, animado por él, decidí salir del armario, verbalizarlo y echar una mano a todos los que se encuentren en su situación.
Fíjense en mi impecable recorrido académico en el sistema educativo español gracias a la desinteresada colaboración de los profesionales que me atendieron: sin EGB, con una triste FP superior y con ninguna de las tres carreras empezadas terminadas (Empresariales, Turismo y Geografía e Historia).
Y, a pesar de ese ridículo expediente académico, fíjense lo que he podido hacer sin ayuda de ningún profesor ni educador en este país de mediocres: profesor de FP en enseñanza reglada recién cumplidos los veinte años y, más adelante, director responsable de la FPO y del control de calidad ISO9001 en el centro (sin ser economista), periodista/locutor en informativos de Cadena COPE y redactor en Diario 16 (sin licenciatura de periodismo), autor de trabajos de investigación histórica publicado en revistas especializadas y tres libros de Historia (sin ser historiador) y, lo que es más sorprendente, ponente en un congreso internacional de Filosofía en la Complutense, organizado por la Sociedad Académica Española de Filosofía, con una tesis «autodirigida» sobre un trabajo de investigación propio relacionado con el isomorfismo de los sistemas complejos (sin ser físico ni filósofo ni contar con el apoyo de ningún catedrático) que lleva usándose desde 2000 como bibliografía en varias universidades españolas sin yo conocer, siquiera, a los profesores que diseñan las programaciones… que ya tiene mérito en el país del comadreo.
¿La solución? no os creáis donde os han encasillado ni la frase «eso no puedes hacerlo». Es mentira. Tened en cuenta que el tejido social español (el anglosajón trabaja de otra forma) está plagado de personajillos que, una vez han accedido al poder, se blindan impidiendo la entrada de peligrosos revisionismos. Así, los gremios/amigotes pactarán estrictas condiciones para que no entréis (títulos, recomendaciones, influencia…) bloqueando a todo el que haga peligrar su estabilidad social aun a costa de cierto inmovilismo socioeconómico.
Y aquí los ACI hacen mucho daño… ponéis en evidencia su capacidad. Por eso España, casualmente, no cuenta con protocolos de detección de individuos con altas capacidades aunque sí los hay de inofensivos futbolistas.
Pero que el sistema o vuestro país no os quiera no implica que vosotros debáis autodestruiros ni aceptar donde os encasillen. No sois unos enfermos inadaptados. Cread vuestra propia línea existencial. Diseñad vuestro modelo, de lo que sea, y dedicadle vuestra vida a ello. Las horas, días, años… pasará sin daros cuenta.

2 comentarios:

  1. Impresionante a la vez que inquietante. Lo digo desde el punto de vista de padre de dos ACI.

    Vivo preocupado continuamente por si lo estoy haciendo bien o mal. Intento mil salidas distintas: busco actividades que puedan interesarles, les llevo a sitios que puedan despertar su interés, hablo cientos de veces con ellos, algunas como padre, algunas como si fuera un chaval de su edad, desde su punto de vista, pero más de la mitad del tiempo siento que no llego a ningún sitio.

    Cuando veo un caso como este solo puedo sentirme preocupado y más preocupado.

    Gracias a esta persona, quién sea, por compartir el relato de su vida y a ti, por mostrarla en tu blog.

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  2. Qué identificada me he sentido con las emociones y sentimientos que se muestran en este relato... Estoy completamente de acuerdo con que este no es un país preparado para aceptar a los ACI. Personalmente, yo me he visto relegada al paro porque decidieron contratar a una persona de mucha menos cualificación que la que yo tengo para ocupar mi puesto aprovechando una posible renovación y, ahora, aún cuentan conmigo para sacar el trabajo adelante porque el afortunado contratado no supo por dónde dirigir el proyecto que le encomendaron...Y aquí estoy yo trabajando sin remuneración en el paro porque, por mi profesión, los resultados que pueda publicar engordarán mi CV...Incluso tuve que escuchar tras mi partida que mi jefe "no quería ningún fuera de serie más porque son gente complicada que sólo trae problemas"...He de decir que nada más lejos de la realidad, y que el tiempo me ha demostrado que también son conscientes de que traemos soluciones interesantes que desean aprovechar, aunque, eso sí, desde la distancia si es posible, para que sus egos no se vean amenazados por personas que trabajan por vocación, con convicción, pasión y entrega, y que no comulgan con el sistema del colegueo para promocionar...Quiero pensar que no todo el mundo laboral está plagado de gente de personalidad mediocre en puesto de poder...

    Muchas gracias, Sonia, por este blog que nos está ayudando a muchos, y gracias también a todos los que colaboráis en él.

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