lunes, 12 de septiembre de 2011

EL PRIMER DÍA DE COLE PARA "PAPIS" Y "MAMIS"

Ya ha llegado otro año más. Cuando una se convierte en madre, y tus hijos empiezan su andadura escolar, te acabas dando cuenta de que en realidad, tu año, no empieza en enero, como para el resto de los mortales. Seguimos otro calendario distinto, independiente del que hasta ahora hemos conocido. Y los meses ya no son 12, sino que van de septiembre a junio. Y el verano no posee ni meses: simplemente, es verano.
Mi año empieza en septiembre, concretamente, hoy estoy de "celebración de año nuevo". y lo tengo que entrecomillar, porque es pura ironía hablar de "celebración". En fin....


Es probable que mis sentimientos al respecto sean significativamente diferentes a los que mis hijos han experimentado a lo largo de la semana pasada, e incluso hoy mismo cuando se levantaron. Álex estaba nerviosín el pobre... bastante. Lógico, era su primer día. Y como bien dijo el padre de un compañerín suyo: "este es el primer día de los 30 años que les quedan de estudio". Jon por contra, no estaba nervioso (al menos no aparentemente). ¡¡Ya es veterano!! ¡¡Un "veterano" de 5 años!! Eso sí, cuando le pedí que se vistiera para ir al cole, me preguntó: "¡¿pero es que ya es septiembreeee?!".

Luego están mis sentimientos. Eso va por otro lado. Me llama la atención de que para algun@s de nosotr@s, el cole no es de nuestr@s hij@s... ¡qué va! Es nuestro. Yo hablo de lo que pasa en MI cole, de las cosas que se hacen en MI cole... y desgraciadamente, en ocasiones los problemas que ME plantean en MI cole. Porque cada vez que un maestro, la directora, el orientador,...cualquiera, me plantea que ell@s conocen mejor a mis hijos que yo misma... para mí, es un problema. Quizá de momento no lo sea para ninguno de mis hijos, aún son muy pequeños. Pero yo ya lo sufro y padezco en mis propias carnes. :-)Especialmente la lucha que tengo que mantener para que se esfuercen por conocer un poquito (no pido mucho más, la verdad, sólo un poquito) más a fondo el tema de las altas capacidades intelectuales, y dejen de planteármelo como "el problema de mi hijo". De momento, estoy aguantando. Pero no sé cuánto tiempo más voy a poder aguantar antes de soltar lo que realmente pienso: "el problema es tuyo, no de mi hijo".

Pero quiero dar un margen, al fin y al cabo, hoy ha sido sólo el primer día. Lo que pasa es que yo no quería que MI primer día de colegio empezase con alguien dándome largas a la hora de solicitar lo que es justo para el niño. No quería percibir esto como una lucha, porque a veces tengo la sensación de que me agota. Lo que pasa es que ese agotamiento, en realidad, sólo es una sensación. De eso es de las pocas cosas en la vida de las que estoy completamente segura. Me asemejo un poco al cuento de los 3 cerditos: si me derrumban lo que estoy construyendo, que tengan bien seguro que lo siguiente que construya, no será de paja. Y lo siguiente, no será de madera. Y sé que tarde o temprano, lo que levante, será sólido, porque no voy a rendirme. Es lo justo. Y además, no estoy sola.

martes, 6 de septiembre de 2011

NORMAS SOCIALES: CONVIVENCIA

Una niña por la noche llamó a su padre: "Papá, ven". Y el papá fue y le dijo: "¿Qué quieres, hija?" y ella no contestó. Al rato gritó "Papá, ven". Y el papá fue y le dijo: "¿Qué quieres, hija?" y ella no contestó. Así muchas veces, hasta que al final la niña exclamó: "¡Que me digas no!".
        "El Pequeño Dictador" - Javier Urra


Como complemento al anterior post (Autoritarismo Educativo y "Cachete Pedagógico"), voy a hablar de la necesidad de la existencia de normas para un buen funcionamiento de la convivencia, no sólo familiar, sino también social. Aún así, que no piense la persona que lo lea que en estas líneas va a encontrar algún tipo de apología del retorno de las antiguas costumbres.

Lo cierto es que la  idea que más me ha llevado a pensar en la conveniencia de las normas, ha sido el porqué cuando un niño o una niña aún son pequeñ@s, su modelo a seguir son los adultos más cercanos, y en cambio, conforme van creciendo, se identifican más con sus pares de edad similar. ¿Es un hecho de predisposición? ¿Se da en todas las culturas? ¿Por qué por ejemplo, yo misma en mi adolescencia, además de identificarme con "mis iguales", también seguía teniendo como referencia a mi madre (persona que nunca ejerció un estilo autoritario hacia mí)? ¿Y si lo que sucede es que conforme el niño o la niña va creciendo, se percata de que no es tratado como una persona a la que también hay que escuchar?

Muchas preguntas... no creo que en tan poco espacio logre la respuesta de todas. Lo cierto es que me voy a plantear que partamos de la idea de que padres/madres - hij@s, no son pares enfrentados por naturaleza, sino que somos un continuo. Somos un grupo de personas que ha de estar destinada a entenderse.

¿Por qué poner normas?

Resulta obvia la pregunta para la mayoría de nosotros, me imagino. De no existir un mínimo, unas normas que guíen una correcta convivencia, la libertad se volvería libertinaje. Aunque también es bien cierto que no se debería aludir a esta premisa para imponer un estilo social represivo y autoritario. Si las normas se necesitan para una correcta convivencia, sería de justicia que el ponerlas realmente la mejore... la de todos, no sólo en beneficio de uno o unos pocos.
Se trataría por tanto de la base sobre la que parte un sistema de organización, como en definitiva así lo es la familia, esa microsociedad en la que tantas cosas compartimos y tanto aprendemos, sea positivo...o no tanto.

Validez de la norma establecida:

1. Se establecen tras una previa situación de diálogo.- No necesariamente ha de existir unanimidad, pero sí consenso, al menos en el sentido en el que no se vulneren derechos fundamentales de alguno de los miembros de la organización.

2. Norma entendida como asignación de responsabilidad individual y grupal.- Cada miembro de una organización es diferente. Tiene sus particularidades, por lo tanto, es probable que posea unas "normas específicas". Por ejemplo, un padre o una madre pueden tener como norma (obligación moral, de hecho) preparar la comida para sus hij@s cuando son demasiado pequeñ@s así como una hija, de estudiar cada día, o un hijo de poner orden en su armario,... Y a parte de estas condiciones, tod@s sus miembros han de mantener una estabilidad en el cumplimiento de estas normas.

3. Junto a la noción de "norma", ha de ir paralela la de "excepción".- No todo lo que nos rodea es susceptible de nuestro control, lo cual implica que haya ocasiones en las que la norma se pueda obviar, si ello supone una mejor adaptación y sin que implique sanción de ningún tipo. Por ejemplo, si un día nos dejamos la llave en casa y nuestro hijo está dentro, aunque tenga la norma de "no abrir la puerta él".... esta sería una excepción de peso :-)

4. La norma ha de establecerse una a una y de manera clara.- No tiene sentido de repente empezar a colocar normas porque "una te lleva a la otra". Paso a paso. Y exponerla con claridad, de manera breve y bajo el supuesto de una lógica en su mantenimiento. A veces los padres y madres somos demasiado proclives a soltar grandes discursos acerca de la importancia del cumplimiento de una norma... cosa que hace que probablemente a los 5 minutos, el hijo o la hija ya haya desconectado.

5. Visión positiva del cumplimiento normativo.- Se trata (ni más ni menos) de centrarse en lo bien que hacemos las cosas, no dar por hecho que lo bueno ya lo sabemos. Especialmente si la atención sólo la centramos cuando se incumple lo acordado, no cuando se lleva a cabo de manera adecuada. Esto sí que puede hacer que cada miembro de la familia se adhiera mejor al cumplimiento de la norma. Sería, si se me permite el símil, como decir "te quiero". Es importante decirlo porque para la otra persona es vital oírlo. No es algo que se pueda dar por hecho o por supuesto.

¿Qué sucede en un ambiente autoritario?

Si por algo se caracteriza un ambiente autoritario precisamente es por la aleatoriedad de las normas. En realidad no son algo fijo, estable, ni mucho menos proporcionado. Son variables y fluctúan, ya que normalmente dependen del estado de humor, del ánimo de la autoridad pertinente, además de que "están colocadas ahí" no para el beneficio óptimo de cada miembro familiar, sino para hacer la vida más cómoda al que las impone. Y la consecuencia de acatarlas o no va a depender de la indulgencia del autoritario.

Hablo de la familia, pero desde luego que estas cuestiones pueden ser perfectamente extrapolables a otros ámbitos, otro grupos o "microsociedades", somo la escuela, el ámbito laboral, etc.

Lógicamente este ambiente, tiene dos vertientes:
1- Rebelarse contra la normativa que no posee una lógica demasiado adaptativa más allá del propio beneficio de quien la emite. Hecho muy frecuente especialmente percibido por padres y madres de niñ@s con alta capacidad intelectual. Desde edades muy tempranas sienten curiosidad por todo, por su funcionamiento, por su porqué,... ¿cómo puede sentirse entonces un niño o una niña que no entiende el motivo de la colocación de normas, especialmente si van en función de lo que sólo una persona decida? No olvidemos que el hecho de poseer alta capacidad intelectual no implica que dejen de ser niñ@s, y si a un adulto ya nos puede costar adaptarnos a esa realidad cambiante en función de estado de ánimo de otro, imaginémonos por un momento vivir bajo ese caos a una edad temprana.

2- Aceptar este sistema autoritario como válido, sin mayor reproche que el berrinche momentáneo cada vez que personalmente te afecta la nueva norma del día. Esta es la opción mayoritaria, y al mismo tiempo la más peligrosa, porque se da como buena la idea del autoritarismo y se transmite de generación en generación.
Esta opción es contra la que hay que luchar para que dejen de existir de una vez por todas nuevas generaciones de machitos dominantes y de mujeres sumisas. Ambos son distintas caras de la misma moneda: personas con una autoestima minada, pobre, sin recursos afectivos y víctimas potenciales de un sistema que alega hacer lo que le viene en gana "por nuestro bien"... aunque en realidad no es el bien común, sino de las personas que dirigen ese sistema y ostentan el poder.
Y hemos de evitar que sigan existiendo perversos dominantes que al no poseer criterios que les doten de una buena autoestima, se convierten en verdugos de otras personas para al menos "sentirse superiores". Y que sigan existiendo personas sumisas (especialmente mujeres en un mundo machista) que crean que esa es su labor en la vida, porque es "lo que les ha tocado, ya que unos nacen con estrella o y otras, nacen estrelladas".

Fomentemos el espíritu crítico, la noción de pensamiento, de debate, de inconformismo... adaptémonos a las normas cuando éstas sean las que hayan sido puestas para adaptarse a tod@s nosotr@s. Sin excepción.

lunes, 5 de septiembre de 2011

AUTORITARISMO EDUCATIVO Y "CACHETE PEDAGÓGICO"

En los últimos años, estamos empezando a ser testigos de la re-aparición de un concepto que en mi opinión, creí que estaba destinado a su extinción. Pero lejos de ser así, parece que vuelve, y retoma su hegemonía con más fuerza que nunca. ¿El porqué? Honestamente, no me queda claro si se trata de cuestiones políticas, mediáticas o sociales... probablemente, una vez más estemos asistiendo a una suma de variables implicadas. Pero pienso que se hace necesario meditar acerca del tema. Reflexionar acerca de este concepto, eso sí, una vez que poseamos el máximo de información posible al respecto, sin conformarse sólo con una pequeña parte del mismo. Al fin y al cabo, recordemos, que explicar un término apoyándose sólo en parte de su significado (normalmente aquél que te beneficia), no sólo se trata de una aberración cuando tratamos temas científicos, sino que además es una de las reglas de manipulación más utilizadas.


Me estoy refiriendo al término AUTORIDAD. Hace años en España (y aún vigente en muchos otros países), sufrimos las consecuencias de la consideración de que la educación debía estar marcada por este concepto. La autoridad en el pueblo en unos tiempos que a algun@s les genera tanta nostalgia, la poseía la guardia civil, el cura y el maestro. Y ahora, unos años después de la entrada del siglo XXI, parece que se retoma como propuesta de solución de todos los problemas sociales... "a los chicos de hoy en día les hace falta autoridad". Y afortunadamente para mí, como soy mujer, y aquí sólo se habla en masculino, no me doy por aludida, así que voy a desgranar y desmantelar esta idea :-).

Ya no sólo es una frase hecha, sino que parece que toma un significado de imperativo, de necesidad. Pero no nos engañemos. No es nueva. No se trata de una frase moderna, fruto del "vicio" y la "mala educación" de una infancia en la que se tiene de todo y a la que no se le ha puesto límites. Ya en la época de los antiguos egipcios se encontró un papiro aludiendo a que "la juventud estaba perdida". Curioso, ¿verdad? ¿O podrá ser que la única juventud sana era la que existía antes de los antiguos egipcios?...


En fin, vamos a ir por partes. Quisiera hablar en primer lugar de los diferentes estilos educativos que pueden aplicarse dentro del seno familiar (con sus matices particulares para cada caso, por supuesto). En este post, concretamente, me centraré en esta cuestión. Hay otra importante: las normas (su creación, su necesidad, su establecimiento,...); pero lo dejaré para una segunda parte.

ESTILO ANÁRQUICO

Se caracterizaría por una excesiva permisividad, así como pasividad ante los comportamientos del hijo. No existirían límites, bajo el supuesto de que así es como se logra auténticamente la libertad (lo cual obvia decir que se trata de una libertad falaz e irreal). Los hijos cooperarían en la convivencia si ellos consideran que así han de hacerlo. Ciertamente lo que se acaba produciendo es una actitud de servilismo por parte de los padres, de sumisión, que puede crear auténticos tiranos egocéntricos, con conductas socialmente poco adaptadas.

ESTILO SOBREPROTECTOR

L@s hij@s han de ser protegid@s, cuidad@s en todo momento por parte de los padres y madres (ya que es su responsabilidad), tanto cuando viven en el hogar, como cuando lo abandonen. Es una actitud de absoluto servilismo hacia ellos. Se plantea que cuando crezcan y se hagan mayores, ya se ocuparán de sus asuntos, pero la realidad plantea que cada vez que tengan un problema, los padres y madres estarán ahí para solucionárselo. En definitiva, no se les deja crecer como personas, por una absoluta desconfianza en sus posibilidades. Además, como se les intenta evitar la frustración a toda costa, efectivamente, la probabilidad de que l@s hij@s se percaten de que sí que podrían solucionarse sus propios problemas, disminuye.

ESTILO AUTORITARIO

Este estilo se basaría en la premisa "se aprende si duele", o lo que es lo mismo "lo que no te mata, te hace fuerte". El hijo o la hija no es libre para expresarse, no puede ni debe preguntar por qué han de hacerse las cosas que se hacen, cuestionar las normas impuestas por el padre o la madre, y mucho menos aportar alternativas. Se tienden a castigar los fracasos, pero raramente recibirán refuerzo los logros.

Tal y como plantea Javier Urra, licenciado en psicología y primer Defensor del Menor en España, "Las creencias de los padres es que ostentamos la autoridad y hemos de hacerla cumplir con o sin la colaboración de los hijos. Sus criterios se impondrán cuando sean padres". Es decir, en los problemas que se pueden ir planteando a lo largo de la vida, siempre va a ganar el que ostente el poder. Por eso hay que luchar por conseguirlo, para luego, una vez que se ha logrado, ejercerlo con contundencia. Esta es en definitiva, una breve y concisa descripción del estilo paternalista: "en esta casa (o país) se hace lo que yo digo, que se lo os conviene a todos".

En lo que respecta al "cachete", en realidad es una consecuencia de una educación paternalista y autoritaria. Al niño o la niña, no se le percibe como una persona. No tiene los mismos derechos que el resto en la casa, por eso el padre o la madre puede aplicar el castigo que considere conveniente, aunque sea físicamente, aludiendo además a que no se trata de "pegar". Y yo me pregunto: si a ti te diera alguien un cachete cuando alguien quiere que hagas algo que a ti no te apetece, ¿te sentirías agredid@? Y si los menores también son personas de pleno derecho, ¿por qué a ell@s sí, pero al resto no? Suelo poner un ejemplo para pensar acerca de ello: en toda convivencia, hay desavenencias. Y en ocasiones, un abuelo, una abuela (e incluso ambos) se vienen a vivir con nosotros. Imaginémonos que el abuelo en su casa tiene la costumbre de llevarse el orinal a la cama por la noche. Pero a nosotros nos desagrada, porque tiene el baño al lado de la habitación y además duerme en una habitación con moqueta... Aún así, el abuelo insiste: es su costumbre. Le decimos que no lo haga, pero aún así, a la mañana siguiente, vuelve a llevar el orinal. Y así día tras día, mañana tras mañana. ¿Qué harías? ¿Se te ocurriría darle un cachete para que vaya aprendiendo? La respuesta más común suele ser que ¡cómo vamos a pegar a un anciano!... vaya, ¿pero no habíamos quedado que un cachete no es "pegar"?

...sólo pido, por favor, reflexión al respecto. Argumentación que vaya más allá de "para unas personas sí, pero para otras no". Recordemos que el "grado" de persona, de ser humano con derechos, no es algo que se adquiera sólo cumpliendo años, o cuando una sea madre, sino que es un hecho que se produce en el mismo momento del nacimiento.

ESTILO DEMOCRÁTICO

No se trata de lograr la perfección y la armonía constante. Se trata de perseguir la justicia entendida para toda la familia. Se trata de ofertar libertad, efectivamente, pero estableciendo unos límites para todos y cada uno de sus miembros. No sólo hacia los hijos o hijas. Éstos pueden y deben buscar solución a sus problemas, y han de ser partícipes en la toma de decisiones, especialmente cuando les competen directamente. Se ha de fomentar su responsabilidad en dichas decisiones y se les ha de dar la oportunidad de comprobar las consecuencias de sus actos. O por decirlo de otra forma: si el sábado no quieren ir a ver a su abuela, habrá que preguntarles por qué. Puede que exista una razón de peso...o no. Pero la decisión por parte de un padre o una madre de acudir a casa de la abuela o no, ha de ser tomada con el máximo de información posible.
Un padre o una madre confían en que sus hij@s resuelvan conflictos, aprendan a tomar decisiones y poco a poco vayan siendo más independientes.

En mi opinión, un padre o una madre no deberían de ejercer autoridad sobre sus hijos. Hemos de esforzarnos por convertirnos en unos buenos líderes dentro de la familia. Ejercer autoridad no es lo mismo que poseer dotes de liderazgo. Lógicamente esto hace que discurramos más, que pensemos más en nosotr@s y al mismo tiempo ejercitemos la empatía. Puede que parezca que se complica la labor de ser padres y madres, en cambio, al fin y al cabo, me imagino que nadie creyese que tener un hijo o una hija iba a ser una labor sencilla.

Y es que existen distintas formas de entender la paternidad, diferentes maneras de entender la educación de l@s niñ@s. No hay sólo dos formas de entenderla, como a veces parece que se intenta hacer ver (Autoritarismo o Permisividad). Este binomio resulta altamente confuso: aquel que desee pugnar por la imposición del autoritarismo, tiende a denominar al estilo permisivo como "democrático", y nada más alejado de la realidad, como ha quedado anteriormente expuesto. En todo caso, esa permisividad es propia del estilo anárquico, carente de normas.
 Este planteamiento es parcial y potencialmente peligroso para la juventud: se necesita que las personas piensen por sí mismas, que se desarrollen de manera plena, con autoconfianza. Defendiendo sus derechos sin vulnerar los de los demás. Que sepan agradecer lo que tienen, pero sin rendir pleitesía a nadie: por ejemplo, cuando una persona con pocos recursos económicos saca una carrera, no lo hace gracias a los padres o al Estado que le proporciona becas. Lo hace por sí misma, por mérito propio. Otra cosa es que para lograr este derecho, se le proporcione los medios adecuados.

En definitiva, no creo que la juventud esté perdiendo valores. Puede que nos estemos desarrollando ahora mismo y concretamente en esta cultura, bajo el prisma de que no nos falta de nada (material, entendamos), pero esto no significa que no haya carencias de otro tipo. Los que hoy en día nos gobiernan no son los más jóvenes, y su educación probablemente estaba basada bajo esos mismos términos autoritarios que tanto desean imponer a la población como remedio a todos los males.

lunes, 29 de agosto de 2011

ESCUELA INCLUSIVA ¿UTOPÍA O REALIDAD?

De forma cada vez más frecuente (y afortunadamente se da así) se habla más de la necesidad de un cambio educativo. Aunque sí que cabe recordar que no pugnamos por un cambio a peor (podría parecer una cuestión obvia, pero parece que a ciert@s polític@s, aún no han llegado a este nivel de comprensión). Se necesita una inyección urgente de educación. De buena educación. No entendida sólo en términos de "modales" o "comportamientos" (aunque de esto también), sino también bajo conceptos más amplios... el cambio de paradigma, de base, de cimiento para empezar a construir un sistema educativo válido para todos y para todas. Sin buscar que sean niños y niñas los que se adapten a lo que les ofrece, sino indagar qué es lo que cada un@ necesita, en función de su cultura, género o condición sexual, de su religión (o no religión), de sus habilidades y sus propias capacidades. Que nadie tenga que sufrir ser diferente a la pauta marcada, en lugar de disfrutar la diversidad.

No creo que perseguir un objetivo donde se pueda convivir entre las diferencias sea una utopía. Por eso hemos de esforzarnos por pensar en lo nuestro, sin abandonar la idea de que el que vive al lado, también posee un "nuestro" particular y probablemente independiente de lo que a nosotros nos compete. Pero no es mejor ni peor, porque el "nuestro" de los vecinos sea simplemente diferentes de lo nuestro. Y es que a veces, en la pugna por la defensa de nuestros derechos nos encanta recordarles a todo el que sea distinto que somos mayoría y que por eso deberían ADAPTARSE. Y nos olvidamos de un aspecto fundamental a la hora de concebir la convivencia, y es aquello que nosotr@s también tenemos la obligación de aportar: la HOSPITALIDAD. Sería triste que para alcanzar este concepto, tenga que llegar el momento en el que dejemos de pertenecer a esa "mayoría normativa" para llegar a comprender qué se siente cuando no eres aceptad@ por una mera cuestión de identidad o de capacidad personal que se sale de lo estipulado como "normal". Y aquí incluyamos a todas las personas que no entran dentro de esta curva de normalidad, bien por la derecha, bien por la izquierda de la misma. Es decir, porque no posean las habilidades que se suponen que les permitiría entrar dentro de esa "normalidad", o porque sus capacidades resulten notablemente superiores a las de la media.

En todo caso, después de haber estado utilizando tanto unos términos que aborrezco tan profundamente como "normal", "normalidad" o "media", creo que necesito un descanso cognitivo :-). Así que voy a dejaos con una lectura que además de amena, entretenida e interesante, resulta muy instructiva. Puede que hayáis leído ya la "Fabula del Pato", pero en todo caso, no está de más rememorarla de vez en cuando para que no caiga en el olvido.


EL PATO EN LA ESCUELA

La escuela es el lugar donde deberíamos aprender a ser nosotros mismos y a respetar a todos los demás. Estar en la escuela, vivir la escuela ha de ser el camino para llegar conocer, a querer y a desarrollar nuestra persona y, al mismo tiempo, a tener en cuenta que hay otras que merecen nuestro respeto, nuestra ayuda y nuestro afecto.

Cuando hablo de diversidad no sólo me refiero al alumnado. También hay diferencias que debemos respetar en los profesores y en las profesoras. Dice Steiner que la relación maestro-alumno es “una alegoría del amor desinteresado”. Ir cada día a la escuela. ¿A sentirnos cada uno como somos o a encajarnos en un engranaje de rutinas despersonalizadoras? ¿A obedecer de forma tediosa lo que prescribe, en palabras de Helmutt Becker, la “escuela administrada” o a recrear el conocimiento y la convivencia? ¿A ser cada uno más él mismo o a meternos en un molde único?

Cierta vez, los animales del bosque decidieron hacer algo para afrontar los problemas del mundo nuevo y organizaron una escuela. Adoptaron un currículo de actividades consistente en correr, trepar, nadar y volar y, para que fuera más fácil enseñarlo, todos los animales se inscribieron en todas las asignaturas. El pato era estudiante sobresaliente en la asignatura natación. De hecho, superior a su maestro. Obtuvo un suficiente en vuelo, pero en carrera resultó deficiente. Como era de aprendizaje lento en carrera tuvo que quedarse en la escuela después de hora y abandonar la natación para practicar la carrera. Estas ejercitaciones continuaron hasta que sus pies membranosos se desgastaron, y entonces pasó a ser un alumno apenas mediano en natación. Pero la medianía se aceptaba en la escuela, de manera que a nadie le preocupó lo sucedido salvo, como es natural, al pato. La liebre comenzó el curso como el alumno más distinguido en carrera pero sufrió un colapso nervioso por exceso de trabajo en natación. La ardilla era sobresaliente en trepa, hasta que manifestó un síndrome de frustración en la clase de vuelo, donde su maestro le hacía comenzar desde el suelo, en vez de hacerlo desde la cima del árbol. Por último enfermó de calambres por exceso de esfuerzo, y entonces, la calificaron con 6 en trepa y con 1 en carrera.

El águila era un alumno problema y recibió malas notas en conducta. En el curso de trepa superaba a todos los demás en el ejercicio de subir hasta la copa del árbol, pero se obstinaba en hacerlo a su manera. Al terminar el año, una anguila anormal, que podía nadar de forma sobresaliente y también correr y trepar y volar un poco, obtuvo el promedio superior y la medalla al mejor alumno.

Esta fábula nos ayuda a reflexionar sobre la diversidad de alumnos y de alumnas en una escuela que tiene en la homogeneización su camino y su meta. El “niño tipo” es el varón, de raza blanca, que habla el lenguaje hegemónico, que es católico, payo, sano, vidente... En una palabra, normal. A él va dirigido el discurso y él es propuesto como modelo para todos (y, curiosamente, para todas). Se ha vivido la diferencia como una lacra, no como un valor. Se ha buscado la homogeneidad como una meta y, al mismo tiempo, como un camino.

Los mismos contenidos para todos, las mismas explicaciones para todos, las mismas evaluaciones para todos, las mismas normas para todos. Curiosamente, se buscaba en la justicia el fundamento de esa uniformidad. Sin caer en la cuenta de que no hay mayor injusticia que exigir lo mismo a quienes son tan diferentes. No es justo exigir que recorran el mismo trayecto, en tiempos exactos, un cojo y una persona en perfecto uso de las dos piernas. La injusticia es todavía mayor cuando las diferencias están cultivadas, buscadas e impuestas.

Volviendo al ejemplo de la carrera: ¿sería razonable exigir un recorrido igual a quien puede avanzar sin obstáculos que a aquél a quien se ha atado al pie una enorme bola de hierro? La "bola de hierro" de ser mujer, de ser pobre, de ser gitano, de ser inmigrante...

La diferencia es consustancial al ser humano. Somos únicos, irrepetibles, en constante evolución. Si un centímetro cuadrado de piel (las huellas digitales) nos hacen diferentes a miles de millones de individuos, ¿qué será todo el pellejo? ¿Qué sucederá con nuestro interior, lleno de emociones, dudas, creencias, valores, conflictos...? He dicho alguna vez que hay dos tipos de niños: los inclasificables y los de difícil clasificación. ¿Cómo es posible que tratemos a todos por igual?

Nos diferencian las actitudes, las capacidades, las emociones, la cultura, la religión, la raza, el sexo (y el género), el dinero... No todas las diferencias son del mismo tipo y no con todas ellas hay que proceder de la misma forma. Ante algunas diferencias hay que poner en marcha actuaciones de redistribución.

Si hay pobres y ricos, lo que se debería buscar es distribuir los bienes de manera que las diferencias desaparecieran. Hay diferencias que exigen otra actuación política y educativa. Si uno es homosexual y otro heterosexual, la actuación pertinente no es igualarlos sino respetarlos. Si uno es católico, otro mormón y otro agnóstico, lo que hay que hacer es valorar cada opción, respetar a cada persona.
Quizá por ese motivo, cabe reflexionar acerca de por qué no debería de impartirse la asignatura de "religión" (porque además parte de una generalización en su propia denominación: se imparte catplicismos, no otras religiones). Al menos no en la escuela pública, laica y multicultural, cuna de riqueza de la inclusividad en el ámbito educativo.


Esas actuaciones son de reconocimiento. En algunas ocasiones hay que combinar las políticas de redistribución con las de reconocimiento. Por ejemplo, las mujeres tienen que recibir un política de reconocimientos (igual dignidad, iguales derechos, igual valor...), pero como al ser mujeres tienen menores sueldos y menor riqueza, han de ser objeto de políticas de redistribución.

La intervención diferenciadora es ética ya que no hay nada más injusto que tratar igual a los que son radicalmente desiguales. Lo cual supone un conocimiento de cómo es cada uno, de cómo es su contexto y su historia. Lo cual exige una actuación metodológica y evaluadora que se adapte a las características de cada uno. Cuando se ha calificado a algunos alumnos de “subnormales”, ¿qué hemos querido decir? Que no tenían las mismas potencialidades que los otros, que no reaccionaban como los otros, que no hablaban como los otros. Los otros eran los normales, el prototipo. De esta forma la “etiqueta” pesaba sobre ellos como una losa. Menos expectativas, menos estímulos, menos éxitos, menos felicitaciones, menos... ¡Qué error! ¡Qué horror!

La diferencia es una fortuna que a todos nos enriquece. Todos podemos alcanzar el máximo desarrollo dentro de las posibilidades de cada uno. Por eso resulta imprescindible cambiar de concepción, romper la tendencia uniformadora. Resulta necesario conocer al otro, aceptar al otro, amar al otro como es, no como nos gustaría que fuese.

La escuela de las diferencias nos humaniza, nos hace mejores. La escuela de las diferencias hace posible que todos podamos sentirnos bien en ella, que todos podamos aprender. Por contra, la escuela homogeneizadora acrecienta y multiplica las víctimas. El pato se amarga en la escuela. Se desnaturaliza. Acaba nadando peor. Se compara con los que trepan y vuelan y se siente desgraciado. Incluso aprende a ridiculizar a quienes nadan peor que él. En definitiva, se convierte en una víctima. ¿Es posible conseguir una escuela donde todos los niños y niñas aprendan, se respeten, se quieran? ¿Es posible hacer de la escuela un trasunto de lo que debería ser una sociedad para todos en la que la justicia, la solidaridad y el respeto fuesen las leyes de la convivencia? A eso vamos. En eso estamos. No corren tiempos fáciles. En una sociedad en la que prima el individualismo exacerbado, la obsesión por la eficacia, la competitividad extrema, el conformismo social y el relativismo moral..., no es fácil tener en cuenta que la competición está trucada.

La aspiración máxima no es saber quién llega primero sino cómo podemos llegar todos a donde cada uno puede llegar. La pretensión de una sociedad justa será la de ayudar a aquéllos que necesitan una especial atención porque parten de situaciones de inferioridad. La atención a la diversidad es, pues, la causa de la justicia. Cuando los desfavorecidos, al pasar por el sistema educativo, se encuentran de nuevo discriminados y perjudicados, estamos convirtiendo a la escuela en un mecanismo de iniquidad. Precisamente la institución que debería corregir las desigualdades, se convierte en un elemento que las incrementa y las potencia.

Como digo en mi libro “La escuela que aprende” (Santos Guerra, 2000), es necesario que la institución educativa se abra al aprendizaje, que se haga preguntas, que sea sensible a la crítica, que analice sus prácticas. De lo contrario estará condenada a la rutina, al individualismo y al fracaso. La escuela no tiene sólo la tarea de enseñar. Para poder hacerlo adecuadamente, tiene que aprender. Las instituciones inteligentes aprenden siempre. Las otras, tratan de enseñar con excesiva frecuencia. Desde aquí hago votos por todos los educadores y educadoras que se ocupan con amor por cada niño, por cada niña, con las palabras de Miguel Hernández: “Volveremos a brindar por todo lo que se pierde y se encuentra: la libertad, la alegría y ese cariño que nos arrastra a través de toda la tierra”.



Autor
Miguel Ángel Santos GuerraDoctor en Ciencias de la Educación. Diplomado en Psicología. Catedrático de Didáctica y Organización Escolar.
Autor y Director de libros, colecciones, revistas y publicaciones de libros sobre educación.
Miembro de la Comisión Asesora para la evaluación del sistema educativo de la
Junta de Andalucía.

jueves, 18 de agosto de 2011

LA ADQUISICIÓN TEMPRANA DE LA LECTURA EN LA ALTA CAPACIDAD INTELECTUAL

Uno de los aspectos más llamativos cuando hablamos de las AACC es la temprana adquisición de la lectura. Y más concretamente, la manera en la que es adquirida. Me parece tremendamente llamativo y quisiera reflexionar acerca de este tema, haciendo un recorrido de manera breve y resumida por la forma no sólo en la que se adquiere, o cómo se adquiere, sino más bien por cómo se desempeña y desarrolla conforme se va
consolidando la "técnica".

Voy a centrarme de manera exclusiva en la lectura, ya que la capacidad de escritura implica otro tipo de habilidades diferentes, si bien el desarrollo de ambas es de suma importancia.
Leer es importante. Una afirmación sencilla, breve y bien cierta. Y no sólo desde el punto de vista académico, sino desde el de la educación más informal. No voy a volver a incidir sobre la importancia y beneficios de la lectura, de hecho ya he dedicado un post al respecto. Mi pretensión es la de que hemos de tomar consciencia de hasta qué punto media en nuestras vidas poseer la capacidad de "saber leer". Quizá es una de esas habilidades adquiridas acerca de la cual no nos paramos a reflexionar con detenimiento, lo cual puede hacernos caer en el gravísimo error de su menosprecio, aunque no sea de manera voluntaria, sólo por abandono.
La lectura es comunicación, pero también es pensamiento, es adquisición e intercambio de sabiduría. Por eso hay un antes y un después marcado por el momento en el que se va adquiriendo cada vez con mayor soltura.

No es una habilidad banal y sencilla en absoluto. Desde nuestra perspectiva de "expertos" adultos que hemos aprendido a leer hace ya unos cuantos años, podemos caer en el error de creer que no hay nada más sencillo que conjugar, unir una "m" con una "a", pronunciar "ma"...y ya está ¡lectura adquirida! No podemos imaginarnos la complejidad que esto entraña a nivel cognitivo, porque se trata no sólo de leer la sílaba "ma", sino de entender lo leído y comprender qué y para qué ha sido leído... es más: se trata de descifrar un código compuesto por letras, que a su vez se combinan para ir formando otras unidades de complejidad creciente (sílabas, palabras, oraciones, etc).

COORDINACIÓN DEL SISTEMA PERCEPTIVO
No es entendible el procesamiento de la información leída de forma ajena a la coordinación del sistema perceptivo implicado hasta llegar al reconocimiento de la palabra. Tal y como describe F. Valle, antiguo profesor, hemos de considerar:

1) Los movimientos oculares (tanto movimientos sacádicos o "saltos", fijaciones en el estímulo, como los movimientos regresivos o "vuelta atrás")
2) La amplitud del campo visual
3) Características temporales
4) Características físicas de los estímulos (mayúsculas/minúsculas, letras/números, el tamaño de la palabra, etc.)

Y esto sólo es el comienzo... ;-)
 

FORMAS DE LECTURA

¿Cómo leemos? Anteriormente mencionaba el ejemplo de m + a = ma... Esta es sólo una forma y de hecho sólo válida para nuestro idioma. ¿Qué ocurre entonces con aquellos idiomas que no se rigen por esta regla de "fonema a fonema"? Me refiero a palabras, llamémoslo, irregulares. La manera de adquirir la lectura de las mismas pasa por el reconocimiento de la palabra completa, como si de un dibujo se tratara, similar al sistema chino.

1) Lectura LÉXICA. Sigue una "ruta visual". Hay idiomas, como el nuestro, cuyo aprendizaje de la lectura (al menos en situaciones escolares habitualmente) se inicia con el reconocimiento en primera instancia de cada letra por separado, bien en mayúscula, bien en minúscula (no ambas a la vez). Continúa con la combinación entre letras y la pronunciación de sílabas, para a continuación pasar a palabras, y posteriormente a frases. Afortunadamente cada vez más se utilizan metodologías gracias a las cuales esto que acabo de describir no se lleva a cabo de manera aislada, sino dentro de un contexto y asociado a alguna acción o dibujo pertinente.

2) Lectura no LÉXICA. Sigue una "ruta fonológica". Otras lenguas poseen palabras cuya pronunciación no se rige por esa lectura de "fonema a fonema", sino que, como decía, hay que conocer la palabra completa y saber pronunciarla. Sería como si nos enseñaran el dibujo de un tomate, y al verlo dijéramos "tomate".  Este sería el sistema chino.

3) Lectura MIXTA . Hay palabras que se pueden leer por la "ruta visual", y otras por la "fonológica". Es el caso del inglés, por ejemplo. Se puede leer "banana" por la ruta visual. Pero "laugh" requiere otro tipo de vía.

Centrémonos en nuestro idioma. Lo que me resulta más llamativo en todo caso, es que en la nuestra, si bien es cierto que el inicio de la lectura puede comenzarse a los 3 años desde el punto de vista anteriormente expuesto, ¿por qué entonces se dice que el niño o la niña no tiene capacidad para aprender a leer hasta los 6 años? La respuesta podemos encontrarla en que a los 3 años la mayoría de los niños pueden tener la capacidad de lectura entendida sólo desde el punto de vista la pronunciación, no de la comprensión lectora. Es decir, un niño de 4 años puede leer "el gato bonito", pero no entender el significado de lo que está leyendo, porque no tiene por qué poseer la capacidad cognitiva necesaria para integrar toda esta cantidad de información compleja.

Conforme vamos adquiriendo mayor destreza lectora, parece ser que nuestro sistema cambia de una ruta meramente visual, o dicho de otro modo, letra a letra, a una ruta más global. Es decir: no leemos R-E-S-T-A-U-R-A-N-T-E, sino "RESTAURANTE", porque conocemos la palabra, su significado, y la entendemos como un todo, no por partes.
La ventaja fundamental de este tipo de lectura viene a ser que cuando se nos presenta una palabra cualquiera, seremos capaces de leerla correctamente, independientemente de que la conozcamos o no. Y mediante el contexto de lectura deducir su significado.
¿La desventaja? Puede parecer que no hay.... pero ¿qué ocurre cuando un niño de 4 años de edad ya posee la capacidad para leer por la segunda ruta? Existe una mayor probabilidad de cometer ciertos errores porque su experiencia con las palabras, obviamente es más limitada. Esto significa, que si no ha tenido nunca contacto en la lectura con la palabra "RESTANTE", y sí con la palabra "RESTAURANTE", lea lo segundo en lugar de "RESTANTE"... y hay que considerar este hecho, especialmente para evitar diagnósticos erróneos (desgraciadamente demasiado comunes), lo cual desembocaría en medidas adoptadas no adecuadas para apoyar su desarrollo lector.

Y nadie tiene derecho a frenar el conocimiento. Ni a menospreciar un don. Tan sólo hay que esforzarse por comprenderlo más allá de la a veces excesivamente ponderada "sabiduría popular".

sábado, 9 de julio de 2011

RACIONALIDAD VS. EMOTIVIDAD

En mi incansable recorrido por seguir demostrando la imposibilidad de separar ambas características de todo ser humano (racionalidad y emotividad), a veces sin quererlo me llego a topar con algunos artículos realmente interesantes, al menos a mi entender. La toma de decisiones más razonables, al menos en apariencia, se hallan profundamente cargadas de sentido netamente emocional, especialmente aquellas en las que nos hemos de plantear la elección entre varias posibilidades.
Pesa enormemente por un lado la sensación de estar siendo justo en relación a una consecuencia futura, y por otro lado, el papel de mediador que el lenguaje puede estar aportando ante la capacidad de sopesar entre varias posibilidades y la toma de decisión de la que creemos más correcta. Se entenderá mejor con la siguiente lectura que voy a proponer:

Este artículo concretamente pertenece a la revista "DESCUBRIENDO El Cerebro y La Mente" (nº 2 Septiembre 2005).

 "EN LA TOMA FINAL DE DECISIONES, LA RACIONALIDAD NO ES NUESTRO PRINCIPAL ALIADO"
Las personas basan su ‘conducta racional’ en esquemas mentales, que no son más que ejemplos hipotéticos de acción, obtenidos a partir de las experiencias pasadas en sus vidas, sean reales o imaginadas. Los seres humanos, para resolver los problemas de la vida diaria, nos basamos, entonces, más en conjeturas aprendidas, con una fuerte carga emocional, que en los reales principios de la lógica formal.
ImageMuy a menudo, nuestros comportamientos están determinados por elementos aparentemente secundarios e insignificantes, creadores de auténticas trampas mentales en las que caemos con suma frecuencia y facilidad. Estos módulos mentales se activan, tanto por la forma en que nos planteamos el problema, como por la percepción del riesgo que se corre. De las investigaciones en este campo, ha nacido la psicología de la incertidumbre, una disciplina que explica los aspectos más oscuros y desconocidos de las tomas de decisiones humanas.
Si bien la mayoría de los individuos que conforman la sociedad moderna, creen actuar siempre de un modo racional, la realidad es que, cuando se profundiza un poco en el origen de sus acciones, se ve con toda claridad que estas no lo son en absoluto.
Veamos dos ejemplos que contribuyen a confirmar esta afirmación:
Un general está acorralado por un ejército enemigo y es informado por uno de sus subalternos de que si no huyen cuanto antes caerán en una emboscada en la que probablemente fallezcan toda su tropa compuesta de 1.200 soldados.
El general tiene dos opciones a su disposición. Si toma la primera, 400 soldados se salvarán con seguridad, si toma la segunda, hay un tercio de posibilidad de que se salven todos y dos tercios de que no se salve ninguno. ¿Cuál es el camino que elegiría Ud. si fuera el general, primera o la segunda opción?.
Ahora veamos otra situación parecida. Otro general, que dispone de igual número de fuerzas, pasa por una experiencia similar. Debe elegir entre dos rutas de huída y si escoge la primera ruta, sabe que morirán unos 800 soldados, pero si toma por el segundo camino, hay un tercio de posibilidades de que no muera ninguno y dos tercios de que mueran los 1.200 soldados. ¿Qué  criterio, piensa usted, debería seleccionar según la lógica?
ImageCuando se plantearon estas dos preguntas a muchas personas, se observó que en el primer problema, la mayoría de los encuestados eligió la primera opción, que permitía salvar 400 vidas. Pero con respecto al segundo problema, la mayoría eligió la segunda opción, pues consideraron que es mejor jugarse a la suerte la vida de 1.200, antes de aceptar una pérdida segura de 800 personas.
Fue muy sorprendente, ya que se trataba del mismo problema, expresado de dos formas diferentes y eso hizo que las mismas personas llegaran a dos conclusiones opuestas. La crucial diferencia que condujo a conseguir este resultado, fue que el primer problema había sido planteado en términos de vidas salvadas y el segundo, en vidas perdidas.
Esto demuestra que incluso, ante situaciones que nos permiten hacer uso de un cálculo frío y lógico, las conclusiones a las que llegamos están fuertemente influidas por las palabras que se utilizan para plantear el problema, pues éstas nunca son emocionalmente neutras, e inconscientemente, guiarán nuestros razonamientos lógicos por los senderos invisibles que ellas seleccionan.

miércoles, 6 de julio de 2011

UNA CUESTIÓN DE ETIQUETADO

Nos estamos convirtiendo en consumidores natos. Consumidores de marcas, no de productos. La publicidad se encarga de recordarnos la importancia de no comprar sin ton ni son, o lo que es lo mismo, de no "conformarnos" con las denominadas marcas blancas, que a todas luces son de calidad muy inferior a otras marcas de renombre...al menos, inferior en cuanto al precio se refiere.
Pero menos mal que existen las campañas publicitarias para que no caiga en el olvido no sólo la importancia de decidirnos por una etiqueta determinada en detrimento de otras, sino además, que como sociedad "civilizada" y "avanzada" que somos, no podemos conformarnos con las necesidades básicas de todo ser humano. Hemos de ir más allá y ampliar horizontes...así como el abanico de necesidades. De esta forma, cuando una tiene la oportunidad de visitar algunos países, que no siguen esta dinámica de funcionamiento consumista, nos echamos las manos a la cabeza porque "los pobres no tienen ni grandes superficies en las que ir a pasar el fin de semana y gastarse los pesos" (¿¿??).

Pero no quisiera continuar en esta línea. Por un lado, estoy siendo consciente de la connotación irónica y casi políticamente incorrecta que está tomando. Por otro lado, mi pretensión no va encaminada en ese sentido. Pretendía tan sólo poner un ejemplo acerca de cómo estamos asimilando la necesidad de colocar a todo una etiqueta, y lo que es aún peor: que determinadas etiquetas son peores que otras.

SER O ENTENDER

Me preocupa el desinterés que en ocasiones nos invade acerca del conocimiento del porqué de las cosas que nos rodean. ¿Qué tiene más relevancia? ¿SER de una manera (en el sentido de actuación) o ENTENDER por qué hemos llegado a donde estamos (y somos)?
Desde mi punto de vista, la respuesta podría resultar una obviedad: ENTENDER, por supuesto. Fomentar la comprensión para poder ser partícipes del cambio de aquello que no nos gusta, tomando un rol activo frente a aquellas situaciones de la vida que nos competen y nos interesan. Se trataría de olvidarnos del "dejar que me hagan" y fomentar el "me apetece hacer", tomar las riendas de la vida, trabajar nuestra propia responsabilidad. No delegar en una pastilla lo que en realidad es asunto nuestro.

Pero este cambio tengo la  impresión de que va a requerir un tiempo, más o menos largo.... pero largo al fin y al cabo.

Cada vez que impartía un curso de "Control de la Ansiedad", acaba saliendo este tema especialmente porque comprobaba cómo diversas etiquetas estaban haciendo mella en las personas que las "padecían" sobre sus hombros (y en todo su ser). ¡¿Cómo poder tomar responsabilidad sobre uno mismo si resulta que soy "Vago",  "Nervioso",  "Depresiva", "Débil", ..."Enferm@"?!

Una etiqueta colocada en algún momento de nuestra vida (curiosamente, a veces incluso antes de nacer: "ya era inquieto hasta en la barriga") desde ámbitos informales, como la propia familia, o más formales, como la escuela o el trabajo, es un lastre que pesa. Y puede acompañarnos a lo largo de toda nuestra existencia si no ponemos remedio para deshacernos de él.
Y la forma más adecuada para deshacernos de este lastre es precisamente realizar un análisis introspectivo acerca de hasta qué punto tiene razón de ser seguir manteniendo esa condición como parte de nuestro carácter inamovible, o más bien se trata del resultado de focalizar la atención sobre aquello que hacemos y que tiende a confirmar dicha etiqueta. Por ejemplo, ¿a quién no le apetecería estar un día entero tirado en el sofá? Pues si lo hace un "Vago", interpretamos que lo hace porque es su condición. Si lo hace un "Trabajador", es porque lo necesita...¡pobrecito!. Sin embargo, es un deseo que puede tener todo ser humano en algún momento (y si no es así...debería de serlo ;-))

¿SOY UN ENFERMO O TENGO UNA ENFERMEDAD?

Este trabajo de etiquetado no sólo es impuesto, sino que además suele ser solicitado por la propia persona, como si se hiciese necesario poseer una definición externa de lo que somos para llegar a conocernos mejor a nosotros mismos. Quizá sea el resultado de una educación poco basada en fomentar la autonomía y el autoconocimiento. Hacer ver que te conozco mejor que nadie y actuar en consecuencia a esta creencia, más que preguntarte qué necesitas, qué te gusta, qué expectativas tienes, qué te desagrada, ...cómo sientes.

En la clínica no me gustaba decir el "nombre oficial" que podía ser concluído tras el proceso de evaluación (salvo petición de informe oficialmente). Prefería explicar qué pasaba, ejercitar la reflexión junto con la persona en cuestión los motivos por los que había llegado ahí (para deshacerse de lastre autoinculpatorio en muchas ocasiones) y de manera especial, trabajar lo único que sí que podemos manejar: nuestro presente. Esto se vuelve complicado, especialmente cuando ya viene con una etiqueta debidamente colocada por otro profesional (normalmente médico de familia), y más difícil aún si a esa etiqueta le van colocados apellidos tales como "crónico", "medicable" o "hereditario". Aún así, algunos que no habían sido previamente etiquetados, lo solicitaban voluntariamente. Y el problema no es tanto que soliciten "dime qué tengo", lo cual puede resultar lógico, sino que una vez dicho "eso que tienen", empiecen a comportarse conforme a lo que se supone que es una persona con dichas características.

No quiere decir esto que si no poseemos un nombre a lo que nos sucede, el problema deja de existir. Lo que sí puede resultar significativo es el cambio de actitud que se puede experimentar. Me explico. Yo tengo una enfermedad (con apellido "crónica"): asma. Pero no soy asmática. Sé que debo llevar conmigo el salbutamol por si acaso, pues lo suelo necesitar prácticamente a diario, que hay ejercicios de cierta intensidad que no me convienen y que más me vale no volver a retomar el hábito de fumar (abandonado ya hace casi 6 años). Pero esto no altera en realidad mi vida, porque no me comporto como una persona enferma, sino como una persona que tiene una enfermedad y actúa en consecuencia. He conocido a personas que con menos afectación física de esta enfermedad se comportan como auténticos mártires del sufrimiento. Y no merece la pena...la vida es para vivirla, no para sufrirla.


viernes, 1 de julio de 2011

BENEFICIOS DE LA LECTURA

HABLANDO EN CONFIANZA
Temporada 2010/2011
ÚLTIMO PROGRAMA


En el último programa de "Hablando en Confianza" de esta temporada, emitido ayer, me apetecía tratar este tema, especialmente por si ahora que empieza el verano, a modo de un nuevo propósito cara al buen tiempo, y aprovechando que hay más horas de luz, nace el intento de adquirir el hábito de la lectura para aquellos que aún no se hayan decidido. La lectura no es patrimonio exclusivo del intelectual o del "estudiado", como decía mi abuela. Es un bien común del que podemos disfrutar afortunadamente todos los mortales.

Y es que un día, leyendo un artículo a propósito de este tema en la revista "Mente y Cerebro", se me iluminó la bombilla (que aunque a veces parezca que tiene pocos watios, de vez en cuando se sigue encendiendo).

Parece de sentido común que la lectura como hábito, o como hobbie, nos reporta ciertos beneficios. Pero ¿cuáles? Da la sensación a veces de que se realiza la afirmación de que "es bueno leer", pero de la misma manera que se dice "hay que comer verdura" o "fumar es malo". Con esto se puede caer en el error de pensar que son frases hechas sin otro criterio más que el de utilizarlas para los niños y así que vayan adquiriendo hábitos beneficiosos para su salud. En cambio, como gran parte de las creencias que pululan alrededor nuestro a lo largo de la vida, si no les encontramos un fundamento, el porqué se hace necesario ingerir esas "5 raciones" de verdura o fruta al día (y por favor, si alguien entiende la cantidad o proporción que supone "una ración", que me lo explique) o leer de manera habitual (no sólo de vez en cuando, a modo de recordatorio, no vaya a ser que se nos olvide, como hablar un idioma), se corre el riesgo de llegar a creer que tan sólo es una leyenda urbana.

La lectura no sólo sirve para aprender más o saber mucho acerca de algo, tener mayor cantidad de información acerca de un tema o nutrir nuestro intelecto. Es un instrumento útil en nuestro desarrollo cerebral, y por lo tanto, vital.

Favorece el desarrollo cognitivo

Gracias a la lectura se favorece la estimulación de ciertas capacidades, como la percepción, la concentración e incluso la empatía. Cuando leemos un libro y nos adentramos en una historia en la que acontecen una serie de hechos y situaciones dispares, nuestro cerebro se activa de manera similar a cuando lo vivimos en la realidad y en primera persona. Así parece haber quedado patente en un estudio realizado en el año 2009 por la psicóloga Nicole Speer, de la Comisión Interestatal para la Educación Superior en Boulder. Cada individuo se introducía en el "tubo" del escáner, donde debían leer una historia (similar para todos ellos) y a la par se realizaba una RMN (resonancia magnética) gracias a la cual se obtenía el resultado de su actividad cerebral durante la lectura. Las conclusiones extraídas iban en el sentido anteriormente apuntado: la actividad cerebral era tan intensa como si dichos acontecimientos estuviesen sido vividos en la realidad.

Además, cuando leemos ciertas acciones descritas mediante oraciones complejas, su comprensión requiere cierta capacidad de representación. Es decir, hay muchos datos que no son descritos ni puntual, ni literalmente, así que hemos de complementar dichos detalles mediante nuestra experiencia e imaginación. Va más a allá de la deducción lógica e incluso de ese intento por adivinar lo que va a suceder en un futuro inmediato en base a unos datos o "pistas".
De hecho, el ser humano necesita poseer en su mente la información completa acerca de los acontecimientos que le son descritos, por eso se complementa todo aquello que falta, de lo que no dispone de manera inmediata, con información de propia cosecha. Ayer mismo, estando en el estudio de radio, explicaba cómo algunos oyentes me han dicho cuando me conocen en persona que no tengo "la cara que le corresponde a mi voz", porque tengo voz de chiquita joven, pero luego se nota que no lo soy tanto (¡menos mal que no soy mal-tomada!). Yeso probablemente se da porque al limitarse a oir mi voz por la radio, necesitan ponerle cara, complementarla con datos visuales para que tenga sentido.

Leer agudiza la astucia

Intentaremos exponer al menos 3 motivos para realizar tal afirmación, pero probablemente existan muchos más.

1) Descifrar palabras activa numerosas áreas cerebrales sobre todo en el hemisferio izquierdo. Al leer, el cerebro estimula las escenas ficticias en las que actúan los personajes.
Es decir, tal y como ya comenté en otro post de este mismo blog, aunque en referencia a otro tema (procesamiento en ACI), mediante la lectura, creamos una historia rica en contenido y significados, a la que aportamos gran cantidad de imaginación: datos visuales, auditivos, emociones, sentimientos... Por eso suele ser tan decepcionante ver una película basada en un libro que previamente hemos leído (a veces incluso del cual nos hemos empapado, absorvido). No sólo porque en ocasiones el guión puede llegar a cambiar el sentido original de la historia, sino además porque va a ser tremendamente difícil que emule y satisfaga nuestra riqueza imaginativa.

2) El entrenamiento en la lectura mejora la eficacia lectora (de niños y adultos), además de estimular el intercambio de información entre las distintas regiones encefálicas.
Retomemos el tema de la plasticidad neuronal (o cerebral). Con el ejercicio, se producirán un mayor número de sinapsis (conexiones interneuronales) y por lo tanto, poseeremos una mayor capacidad de desarrollo en determinadas áreas encefálicas.
Ahora bien, la lectura habría que seguir manteniéndola como un hábito. Cabe recordar que dichas conexiones, así como el incremento en el desarrollo de ciertas áreas, no se mantendrían estables: de desaparecer el hábito, volverían a niveles basales adaptándose a la nueva situación de inactividad.
Entendamos, por tanto, si se me permite el símil, que el ejercicio mental es al cerebro lo que el ejercicio físico a la musculatura. Se establece una relación en términos de proporción: a mayor ejercicio, mayor desarrollo; y a menor ejercicio, mayor "atrofia" (si no, que se lo digan al señor "negro negro" o Schwarzenegger para los amigos).

3) Las personas mayores que leen con mayor asiduidad, mantienen el intelecto en forma durante más tiempo, y también presentan menos síntomas de demencias.
Y de presentar algún tipo de demencia, ésta cursa de manera significativamente diferente, permitiendo una mejor calidad de vida.

Iniciarse en la lectura

Recomendaría ciertas cuestiones a todo aquel que le apetezca adquirir (o retomar) el hábito lector:
1) Indagar acerca de qué tipo de lectura es la que más le puede gustar. No vale cualquiera para iniciarse, sólo de manera especial aquel género que sea del agrado personal (sea el que sea). Quizá este punto es el que más se falla en ocasiones a nivel educativo.
2) No vale la obligación por imposición, sino por aceptación. O lo que es lo mismo, percatarse de que quizá requiera al principio algo de fuerza de voluntad, como la adquisición de la mayoría de los hábitos a los que no estamos acostumbrados, pero no es una obligación, sino porque realmente apetece hacerlo. De lo contrario, puede acabar generando más rechazo que placer.
3) Empezar poquito a poquito (centímetro a centímetro ;-)). Todos tenemos algún día "espeso". De esos que leemos un párrafo 10 veces pero no somos capaces de quedarnos con el contenido....pues no pasa nada. Mejor cerrar el libro e intentarlo otro día que forzar una situación y llegar a la errónea conclusión de que "uno no ha nacido para eso de la lectura".

Por lo demás, que disfrutéis del verano, de la playa o de la piscina para hacer desaparecer esos calores veraniegos....pero a la sombrita, y con un buen libro.

...y si a alguien aún le queda alguna duda de la importancia de la lectura (de libros impresos), le recomiendo este enlace enviado por mi amiga Laura Martínez: LEER NOS CAMBIA EL CEREBRO...MÁS DE LO QUE CREEMOS

miércoles, 15 de junio de 2011

PADRES Y ESCUELA ¿PROBLEMA DE COMUNICACIÓN?

Es curioso. Los años pasan, la tecnología se renueva, las personas progresan, el mundo "evoluciona".... y el ser humano sigue estancado en un problema tan común como casi  me atrevería a decir que ancestral: el de la comunicación. Y no creo que sea por falta de empeño para solucionar el problema, sino más bien por un sentimiento de incapacidad para lograrlo. ¿Será que  no sabemos expresarnos adecuadamente? ¿Será que no sabemos escuchar? ¿Una combinación de ambas?... Habrá que reflexionar al respecto, al menos en mi opinión.


Una queja muy común es la del sentimiento de soledad, o de aislamiento del resto. Viene acompañada de la sensación de "no encajar" allá donde sí crees que deberías, además de un sentimiento de confusión... si estoy rodeado de gente, ¿por que me siento solo? Esta pregunta la he oído en numerosas ocasiones, lo cual puede resultar chocante o paradójico si tenemos en cuenta que vivimos en una era informatizada que facilita la comunicación, incluso a miles de kilómetros.


Podría llegarse a pensar que la base del problema nace en la falta de acuerdos, o ausencia de intereses comunes. En cambio, no creo que vayan por ahí los tiros... ¿Y cuando tenemos intereses comunes y aún así no hay acuerdo? En parte ese el motivo por el que en esta ocasión me apetecía tocar este tema. Cuando los niños comienzan su andadura en la escuela, honestamente, no creo que la intención del personal docente sea someterlos a su sistema. Quizá porque recuerdo en alguna ocasión en la que personalmente me he encontrado con algún que otro antiguo profesor, y se interesaba realmente por mí: "¿qué tal te va?" "estudiaste una carrera ¿verdad?" "¡psicología! ¡me alegro!"...y creo que era un sentimiento honesto y sincero. Entonces...¿qué sucede? ¿hablamos padres y profesores idiomas diferentes? Si no somos dos bandos opuestos y los intereses son de índole similar ¿cómo acercar posturas?

Y más concretamente, y refiriéndome a la reflexión de mi amiga Lourdes Madueño (Estimulación Precoz) ¿por qué se hace tanto hincapié en no poner freno al conocimiento, en fomentar la importancia de la estimulación temprana, incluso en la etapa de bebé, pero luego nos encontramos que ante las altas capacidades intelectuales, no se da la respuesta adecuada a sus necesidades?
Pienso que algo tiene que estar pasando, si se da el caso de que hay tantos padres y madres de niños con altas capacidades intelectuales que tienen una queja tan acusada en lo que respecta a la escuela o a ciertos profesionales que desempeñan su labor en este sitio.
¡Quién sabe! Puede suceder que todos necesitemos llevar a cabo un ejercicio de autocrítica...


POSIBLES CAUSAS DEL PROBLEMA CON LA COMUNICACIÓN


No es la primera vez que tratamos este tema en los programas de radio. Intento aportar distintos puntos de vista, enfocar el tema adoptando diversas posturas. Pero acabo incluyendo las 3 reglas para mantener una buena comunicación, que a mi entender tendríamos que trabajar. Cuando una persona decide comunicarse de manera voluntaria, tiende a enfocar sus ideas planeando qué es lo que desea decir y cómo ha de decirlo para que se entienda su mensaje. Es correcto, aunque hay que ir más allá:


1- Planear qué y cómo decir las cosas.
2- Pensar y meditar acerca de aquello que NO se debe decir.
3- Estar dispuesto a escuchar lo que el otro desee aportar (y cuando digo escuchar, no estoy diciendo meramente "oír", sino que me refiero a una ESCUCHA ACTIVA).


Al leer estas 3 propuestas, uno puede considerar que se trata de cuestiones de Perogrullo.... pero, ¿las ejercitamos en la práctica? Realmente pienso que el punto 2- y el 3- son los que más fallan.
En lo referente al 2-... me imagino que para un maestro, tiene que ser duro estar escuchando las propuestas, sugerencias, exigencias de todos los padres y madres con los que se entreviste... o mejor dicho...de ALGUN@S PADRES Y MADRES. Por poner un ejemplo, si tú no has fomentado que tu hij@ sea una persona autónoma desde casa (que coma, se vista, se asee...sol@), quizás no es...digamos..justo, que vayas con esa exigencia a la escuela, poniendo en tela de juicio la capacidad docente del maestro o maestra en cuestión (y es un ejemplo real, no figurado). Y a la inversa, cuando un padre o una madre va a hablar con el profesor, éste tendrá que sopesar como si en una balanza pudiera colocarse, los aspectos positivos y negativos del niño, sin ponderar o despreciar unos sobre otros, desatendiendo la opinión paternal y especialmente en aquellos casos en los que se ha reconocido ignorante. No olvidemos que es muy frecuente (si bien no podemos afirmar que inevitable) que si uno se siente atacado, responderá defendiéndose del ataque...


En cuanto a la escucha activa... ¡qué difícil resulta a veces sentirse escuchado, ¿verdad?! Escuchar activamente hace referencia a atender a lo que el otro está aportando, evitando por tanto cortarle, asintiendo mediante comunicación no verbal y hacer un ejercicio importante de empatía, en lugar de hacer alarde de nuestra capacidad para leer el pensamiento. ¿Alguien ha oído en alguna ocasión aquello de "si ya sé lo que vas a decir.." o "como te conozco, sé por dónde vas? A eso me refiero con la lectura del pensamiento. Resulta tremendamente molesto sentirse no escuchado, rompiéndose así la oportunidad de seguir comunicándose.
He de reconocer que personalmente he escuchado en más de una ocasión eso de "no...si es que yo tengo mucha psicología...sé calar a la gente". Ante esto, procuro tragar saliva y pensar que no se pretende decir la barbaridad que se está diciendo. Y si hay confianza, puedo contestar: "¡vaya! ¡qué suerte! Fíjate, que yo tuve que estudiar varios años, como no nací con el don de tener psicología...". La ironía puede venir bien de vez en cuando...


Las buenas intenciones


Hay un dicho que afirma que "el camino al infierno está sembrado de buenas intenciones". Cierto es que una buena intención al menos es algo... pero no basta si lo que deseamos es llegar a un buen entendimiento. Pongamos el ejemplo de regalar algo a alguien. Si ese regalo deseamos que sea algo más que un mero acto de cortesía y nos interesa que la persona que lo recibe se dé cuenta de que la apreciamos de corazón, tendríamos que  esforzarnos por indagar acerca de los gustos reales que esa persona posee. Y sin hacer alarde de lo mucho que conocemos sus gustos, atender a lo que nos dice, a lo que expresa mediante comunicación verbal o no verbal. Incluso pienso que es preferible preguntarle abiertamente por sus gustos, antes que meter la pata con un regalo que tenga repetido, o que nos acepte por compromiso.


El motivo por el que he empezado exponiendo este ejemplo es porque desearía tocar un tema que a lo largo de estos días he venido meditando (con la inestimable aportación de amigos, por supuesto). Me refiero a la sensación que a veces he tenido de que, con toda la buena intención del mundo, nos regimos por el principio de la "caridad", más que en atender a las necesidades reales de las personas que nos rodean.
En mi opinión, nos falla el ejercicio de realizar preguntas para conocer a los demás, para llegar a sus verdaderos intereses y descubrir qué necesidades pueden llegar a tener. Nos dejamos guiar por contra (y en demasía) por prejuicios y tópicos, como la necesidad de ayudar al "débil", sin percatarnos de que la sensación de debilidad puede ser altamente subjetiva. Recuerdo en una ocasión, cuando vivía en Gijón, una situación que me resultó un tanto curiosa: había una chica que era invidente e intentaba cruzar la calle ella sola. No era la primera vez que lo hacía, probablemente haciendo ejercicio de su capacidad auditiva. Cuando alguien intentaba ayudarla, rechazaba tal ayuda... y se ganó la fama de "persona desagradecida y maleducada". ¿Por qué? Curioso. En cambio, comprendo lo que esa mujer podía sentir. Quizás porque soy mujer y conduzco...y aparco. Y aunque no se me da mal (digo yo que más de 17 años de carnet, servirán para algo :-)), no sé en cuántas ocasiones habré recibido la inestimable ayuda, dotada eso sí, de buena intención de algún que otro señor caballeroso que se empeña en darme instrucciones para maniobrar correctamente.


Quizás este principio de "caridad" (o egocentrismo, según se mire), es el que nos hace sentir mejores personas, nos dota de buenos sentimientos hacia el prójimo, se tranquilizan nuestras conciencias y se puede dormir tranquilamente por la noche con la sensación del deber cumplido. Pero es una ilusión. Sólo es una sensación subjetiva. Si obviamos la reciprocidad, nuestras buenas intenciones carecen de sentido, al menos de sentido social. ¿Cómo se sienten los demás cuando  actuamos sobre algo que les incumbe? Esa quizá es la pregunta clave que toda persona que haya elegido dedicarse a un trabajo con, por y para las personas (maestros, psicólogos, médicos,...y padres) ha de hacerse cada mañana antes de irse a trabajar.


Resulta relativamente sencillo caer en este error. Es cierto, tal y como afirma mi amigo José Luis Sánchez: "[..] si alguien no sabe nada de un determinado tema y le preguntan que a quién apoyaría, si a una persona que tiene "más" de algo o a otra que tiene "menos" de ese algo, la respuesta más común sería: por lógica, a la que tiene "menos", precisamente porque son los que MÁS necesitan de ayuda". Una gran verdad. Quizás porque partimos del prejuicio de que aquél que tiene más de algo... tiene de todo. Es decir, se tiende a aplicar injustamente un pensamiento en términos absolutistas, obviando lo realmente importante en todo ser humano: la necesidad de sentirse comprendido por los demás para dejar de tener esa sensación de soledad.


Por este motivo creo que es tan importante llevar a cabo y desarrollar activamente la empatía cuando tratemos temas de diversa índole, pero más aún cuando hablamos de alguien que nos interesa y preocupa tanto como sucede con nuestr@s niñ@s. Maestros y padres nos preocupamos por ellos. Eso implica que debemos de dejar de hacer alarde de cuánto les conocemos, rivalizando incluso en algunas ocasiones por ver quién les conoce más. Practiquemos la escucha activa, consideremos distintas posibilidades de una misma cosa, sigamos informándonos y aprendiendo a lo largo de toda nuestra trayectoria vital, especialmente cuando se nos plantean nuevos retos de los que ni teníamos conocimiento...  pero no se nos debe olvidar pedir la opinión del niño o de la niña, preguntarle cómo se siente... y si no sabe expresarse con palabras, ayudémosle a hacerlo observando lo que nos está diciendo con su mirada, con sus gestos, con su comportamiento....

Aunque no sepamos nada acerca del tema de las altas capacidades intelectuales, y la única información que poseamos probablemente esté basada más en tópicos que en realidades... no pasa nada. Puede parecer una obviedad, pero no podemos entender de todo, ni el más erudito en diversos temas. Pero cuando nos encontremos de frente con el reto, trabajemos juntos, en el mismo sentido, busquemos información veraz, estudiemos.... no sólo por seguir haciendo correctamente nuestro trabajo de maestros, o psicólogos,... o padres. No sólo por eso. Es que las personas por las que hacemos ese esfuerzo, nuestr@s niñ@s, no se merecen conformarse con menos.

jueves, 9 de junio de 2011

OBSERVAR. SIMPLEMENTE....OBSERVAR

Quisiera comenzar en esta ocasión con un "pequeño plagio" de un post extraído del blog de ASA Málaga (http://asamalaga.blogspot.com/). Se trata de un cuento breve...pero intenso.

CUENTO PARA EDUCAR EDUCADORES
"Una vez hubo un niño que cumplía 3 años y empezó el colegio. Tenía muchas ganas, porque su mamá le había contado todo lo que se hacía allí y le parecía que era muy chulo. Llegó el primer día y la maestra dijo "Hoy vamos a hacer un dibujo". El niño pensó "¡Qué bien, me encanta dibujar, voy a dibujar peces, soles, estrellas, una casa, un árbol,...." Pero la maestra dijo "¡Esperad, no empecéis todavía, primero os tengo que decir lo que vamos a dibujar. Hoy tenéis que dibujar una flor". Entonces el niño pensó "¡Qué bien me encantan las flores, voy a dibujarlas moradas, rosas, azules, amarillas, grandes, pequeñas, en manceta, en un jardín,...." Pero la maestra dijo "¡Esperad, todavía no empéceis, tenéis que dibujar la flor como la que he dibujado en la pizarra". Era una flor roja, con un tallo verde y entonces el niño dibujó una flor roja con un tallo verde.

Otro día la maestra dijo "Hoy vamos a jugar con la plastilina" y el niño pensó "Me encanta la plastilina, puedo hacer muchas cosas con ella, voy a hacer un puente, o mejor una muralla, o...." Pero la maestra dijo "Esperad, no empecéis todavía, tenéis que hacer un plato azul como éste". Entonces el niño hizo el plato azul.

Cuando pasó a primaria el niño cambió de maestra. Un día la maestra nueva dijo "Hoy vamos a hacer un dibujo". El niño se quedó quieto, esperando mientras los demás comenzaron a dibujar, la maestra al verlo parado le preguntó "¿Por qué no dibujas?", " ¿Estoy esperando a qué me diga lo que tengo que hacer?", dijo el niño. "Puedes hacer lo que quieras", dijo la maestra. Si todos hiciérais lo mismo ¿cómo sabría distinguir lo que ha hecho cada uno? Entonces el niño, se puso a pensar un poco y al final decidió dibujar una flor roja con un tallo verde."

Y como bien añaden en uno de los comentarios al post, se confirma que la escuela mata la creatividad (al menos algunas). Aunque cabe la posibilidad de que no sea la escuela en sí, sino la mentalidad que impera entre los miembros, profesionales, que la componen.
La persona no se desarrolla cognitivamente por ósmosis. No basta con acercarse a otro que sabe mucho, tocarle y descubrir mágicamente que en ese preciso instante, sus conocimientos son compartidos en maravilloso equilibrio entre su cerebro y el tuyo. Necesita de un contacto sí, pero también de una autonomía en el ejercicio de su desarrollo. Por ejemplo, con 4 años... ¿importa realmente tanto que pinte una cebolla de color crema y marrón, ya que así son las cebollas? Pues hoy mi hijo trajo una cebolla pintada como dice él "de fantasía", con más colorinos que las banderas del Día del Orgullo Gay.

De hecho, cada persona necesita de una estimulación adecuada para desarrollarse según sus capacidades y posibilidades. Y para eso hace falta observación. Palabra clave: OBSERVACIÓN. Y gracias a ella, lograremos descubrir cuáles son sus necesidades (me gusta más esta palabra...al menos, más que "carencias"), así como sus potencialidades. Aquí empezará el trabajo de verdad, en serio... y bajo el prisma de respeto del derecho que todos tenemos a que se nos trate individualmente, sin exceso de generalidades grupales. Que voluntariamente o por imposición pertenezcamos a un determinado grupo social (familia, compañeros de clase o de trabajo, amigos, 15-M....) no implica que no merezcamos que se nos pregunte antes de afirmar con rotundidad que se conocen nuestras respuestas.

Por eso cuando un educador, bien sea o no docente, afirma con rotundidad que un niño "es repetitivo" porque tiende a jugar con las mismas actividades, debería primero escuchar, atender a lo que los padres también tengan que decir al respecto, ya que cabe la posibilidad de que en casa no repita esta misma pauta. Y a la par, debería OBSERVAR a ese niño. Caben distintas posibilidades: que no disponga de otros juguetes que le interesen o simplemente que perfecciona su método para llega a obtener un resultado similar, o indaga acerca de las diversas posibilidades de las que dispone para ejecutar esa tarea....y creedme, ¡nunca pensé que un puzle diera tanto de sí! Y habría permanecido puede que toda mi vida en la ignorancia si no me hubiese esforzado en aprender de un niño, observándole e interactuando con él, mientras me dice: "ánimo mamá, tú también puedes colocar esa pieza...¡venga, que yo confío en ti!".

Otro paso importante sería romper prejuicios (no me cansaré de decirlo). Cuando un bebé llora....¿está "mal acostumbrado" porque quiere que le cojas en brazos? Desde luego, es una manera un tanto extraña y desapegada de describir los mimos y el cariño... O cuando un niño pisa un charco (este no fue ninguno de mis hijos, pero me gusta...OBSERVAR), ¿es un maleducado que desafía las normas de buena conducta? ...extraña forma de manifestar el olvido selectivo...¿acaso no somos capaces de recordar lo divertido que eso resultaba?.
De todas formas, si se peca de mala memoria, es tan sencillo como.....sí, de nuevo, la palabra del día.....OBSERVAR la carita que ponen cuando se ponen pingando por botar en el agua. ¡Bastante les importa a ell@s si las manchas no se van del vestido, o el catarro que pueden coger en pleno invierno!
A ver, que no quiere decir que no deben existir normas, o que puedan hacer en todo momento lo que les apetezca. Sólo que no es lo mismo decir que ese niño es un desobediente, que fijarse un poquito más detenidamente en los motivos que puede tener para hacer lo que hace. Seguro que haberlos, haylos.

Las normas son importantes para el buen funcionamiento social. Pero de manera casi paralela al concepto de "norma", tiene que ir otro de importancia similar: "flexibilidad". La rigidez a parte provoca más rechazo en su cumplimiento. Obviamente me refiero a una mejora en la convivencia... no hablo de "leyes".

Y si nos dedicamos a OBSERVARLES, nuestra vida va a ser más rica, vamos a tener la capacidad de aprender de ellos y sus experiencias.... ponernos en su piel, entender su lógica, que a veces es más aplastante que la nuestra. Si no, que le pregunten a Álex, hace unos meses, cuando después de estar dándole todo un recital con la armoniosa voz que me caracteriza, entonando el "que llueva, que llueva, la virgen de la cueva", cuando llegué a la parte de "las nubes se levantan"...me paró en seco para recordarme que: "mamá, ¿pero no ves que las nubes ya están arriba del todo? ¡cómo se van a levantar más!".
Lo dicho, que tiene más razón que un santo. Sólo espero que esta chispa que tiene, pueda seguir con ella a partir de septiembre, cuando empiece al cole...

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