domingo, 3 de abril de 2011

UNA REFLEXIÓN ACERCA DEL PROCESAMIENTO EN LAS ALTAS CAPACIDADES INTELECTUALES

De un tiempo a esta parte, está creciendo mi interés por un tema aparentemente bastante desconocido: el de las Altas Capacidades Intelectuales (ACI). No es que nunca me hubiese interesado, sino que formaba parte de distintos temas que me parecen apasionantes. Sin embargo, hay momentos en los que determinados temas cobran un significado diferente, y es en ese momento en el que una se vuelca de nuevo en ese tema, cuando hallas de nuevo una motivación para indagar o reflexionar sobre el asunto en cuestión.
He venido observando que cuando se plantea la cuestión de que un hijo puede tener altas capacidades, se generan muchas dudas en la familia: ¿cómo haré a partir de ahora? ¿sabré educarle? ¿Con quién puedo tratar el tema? Y se tiene miedo, inseguridad, a veces soledad...y toda una serie de sentimientos que pueden resultar hasta contradictorios, todo ello, combinado con el "no, seguro que no. En el fondo es orgullo de padre/madre. Seguro que esto lo hacen todos los niños también".
¡Cómo no! Si ni siquiera se tiene claro qué es, en qué consiste la inteligencia, más allá de una perspectiva meramente descriptiva.
Pero sí hay algo que no deberíamos poner en duda: la inteligencia es un don.
El ser humano tiene la particularidad de la creatividad y del desarrollo de distintas habilidades (unas en mayor grado que otras, como así plantea el propio H.Gargner en su teoría de las inteligencias múltiples http://es.wikipedia.org/wiki/Teor%C3%ADa_de_las_inteligencias_m%C3%BAltiples). Sin embargo, parece existir entorno a algunas corrientes de pensamiento que somos más mecánicos que creativos, y esto implica que aquello que no podemos percibir, no existe. O tan sólo puede ser objeto de especulación.
Lo cierto es que poco se conoce acerca del tema de las altas capacidades, quizá precisamente por ese empeño erróneo en perseguir la inclusión de la psicología como "ciencia respetable" y para ello intentar reducir al individuo a "lo meramente observable"; o por empeñarse en describir la inteligencia con un número (CI); o por manejar un concepto erróneo de habilidades intelectuales; o por empeñarse en equiparar eficacia con velocidad, los mitos acerca de las ACI, etc... Sea cual sea el motivo del desinterés, lo que sí es bien cierto es que existe un movimiento asociativo importante en España, que lucha por conseguir el derecho a esa tan nombrada y poco aplicada "atención a la diversidad".

Características de las AA.CC.
Si hay algo que no me gusta, es hablar de "típicas características" de un@ niñ@ superdotad@ (lo siento, me encanta utilizar la @ y ¡felicito al que tuvo la idea!). Cierto es que hay cuestiones que son comunes, y lo podemos corroborar cuando hablamos entre los padres y madres implicadas: precocidad en ciertas habilidades, elección de compañeros de más edad, creatividad elevada y aplicación de los conocimientos adquiridos en un campo a otros de índole diversa,... y quizás el más desgraciadamente común de los aspectos a compartir: los problemas de los padres con los distintos colegios de sus hijos. Da igual que sean públicos, concertados o privados, siempre hay quien se niega a aceptar que tu hij@ tiene una serie de derechos educativos (por ley), no por ser más que nadie, sino precisamente por ser "alguien".
En todo caso, mi opinión va más encaminada hacia la heterogeneidad, es decir, si bien, como digo, hay aspectos comunes, la forma en la que se desarrolla cada uno es diferente, lo cual le va a hacer distinto, especial. Y es que no todos los niños (o adultos) cumplen todos los criterios al pie de la letra, y aunque siga existiendo un inexplicable cierto empeño en que la diferencia está en la velocidad de ejecución, sigo opinando que la diferencia fundamental y que define a las ACI es precisamente un procesamiento diferente, una lógica distinta a la hora de solucionar los problemas.
Si es cierto que puede existir velocidad, pero no tiene por qué ser precisamente de ejecución (es decir, ser el más rápido en dar la respuesta), sino más bien de procesamiento. Y esto no implica necesariamente una ejecución más rápida. Recientemente he tenido una conversación sumamente interesante con alguien de la asociación ASA Málaga (http://www.asamalaga.org/) a este respecto, vía facebook, y gracias a la cual, se me ocurrió gran parte de esta reflexión (¡¡gracias por el pensamiento productivo!!). La distinción entre velocidad de ejecución y velocidad de procesamiento es una cuestión que habría que tener en cuenta a la hora de evaluar y valorar las altas capacidades. Una mayor velocidad de ejecución se podría conseguir el el entrenamiento, la práctica, la posibilidad de acceso a la educación, en definitiva. La velocidad de procesamiento no es algo que se esté experimentando a todas horas. Hace referencia a la rapidez de pensamiento, la posibildad de pasar rápidamente de un concepto a otro relacionado en nuestro cerebro, lo cual puede hacer que en cierta forma se necesite más tiempo para, al menos, tener la sensación de dar con la respuesta más adecuada, e incluso puede hacer que se experimente un cierto bloqueo. Desde luego que ninguna de las dos es negativa, de hecho pueden (y deben) estar relacionadas entre sí. Tan sólo que hay que entender que no son la misma cosa. Se me había ocurrido el siguiente simil para comprender la diferencia: cuando uno lee un libro y a continuación ve la película basada en él. Suele ser, efectivamente decepcionante, porque el contenido del libro es mucho más rico y a parte en nuestra mente ya hemos atribuído significados, hemos puesto cara a los personajes, nos hemos metido de lleno en la historia, e incluso nos ha dado pie a alguna que otra reflexión. Sin embargo, la película debe omitir muchos datos para poder llevarse a cabo, ha de tomarse la decisión de prescindir de mucha información que posee. Ésta sería la ejecución, y la lectura del libro, el procesamiento en cierto modo. Por eso hay algunas ocasiones en la que la sensación que se tiene a la hora de explicar algún concepto o alguna cuestión que se considera importante, es de decepción: "hay tanto para exponer, tanto que resulta relevante e importante, y sin embargo, debo limitarme a lo que me permitan las palabras que salen de mi boca". E incluso puede haber momentos en que el discurso sea un tanto caótico para el oyente.

2 comentarios:

  1. Algunas veces pienso que por desgracia tengo un hijo con alta capacidad, y digo por desgracia por que en esta sociedad basada en lo establecido no conseguimos que encuentre su lugar, mas disgustos que alegrias y mas problemas que ilusiones

    Siempre te dicen, "un hijo con alta capacidad, un orgullo". Donde esta el orgullo cuando ves los resultados

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  2. El orgullo es siempre un sentimiento personal. Y es perfectamente lícito y de hecho necesario sentirlo. Otra cosa es cómo puede llegar a sentirse una persona que no goza de la comprensión de aquellos que sí deberían tenerla. Es complicado y te entiendo, Ramón.

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