domingo, 7 de junio de 2015

¿CREES QUE TU HIJ@ TIENE ALTAS CAPACIDADES? PUES...."MEJOR NO ETIQUETAR..."

En la entrada anterior, habíamos hablado de algunas de las excusas para no atender a las altas capacidades. Hay con toda probabilidad bastantes más que tendemos a escuchar, y no sólo desde el ámbito escolar, en ocasiones desde el familiar, y todas ellas basadas en prejuicios y estereotipos, algunos de ellos incluso "bientintencionados" y adornados con lenguaje políticamente correcto. Ese es el caso del argumento que tiende a proporcionarse para justificar la no identificación de las altas capacidades: "piénsatelo mucho... es mejor no etiquetar".
A este respecto, tengo mucho que decir, porque tengo que reconocer que estoy muy enfadada, especialmente cada vez que a algun@s polític@s se les llena la boca afirmando que el trato al alumnado en el sistema educativo ha de ser equitativo e individualizado, pero luego por otro lado, se quedan tan agusto cuando sueltan ese famoso "huyamos de las etiquetas". Posteriormente, saldrán en prensa haciendo alarde de sus "éxitos" y sus palabras biensonantes, pero cargadas de crueldad y demagogia políticamente correcta. Porque la realidad es, a todas luces, bien diferente.

Pongo como máxima garantía que soy totalmente consciente de la necesidad de huir de las etiquetas, especialmente cuando estamos refiriéndonos a la infancia. Es un tema no sólo peliagudo, sino también peligroso, especialmente porque el ser humano (no puedo llegar a afirmar con rotundidad si este hecho se da por naturaleza o es dependiente de nuestra cultura, o probablemente, una combinación de ambas variables) tiende a actuar de manera sesgada en función de las expectativas que en torno a él se generan, llegando a caer en el llamado Efecto Pigmalión, según el cual, actuamos hacia esa persona en función de lo que suponemos que ha de ser, en lugar de centrarnos en lo que realmente es, guiados por los prejuicios que rodean a ese tema concreto.
Recuerdo a la perfección cómo tuve que escuchar de la maestra de música del anterior colegio, como afirmaba con rotundidad que ponía muy en duda las altas capacidades de mi hijo mayor, puesto que según ella, "no tenía sentido del ritmo, ni destreza musical", cuestión por otro lado absurda, especialmente cuando lo que se había considerado era su rendimiento en la escuela, impartido por una maestra que no tenía ni idea de música y a lo que les obligaba a los 6 años era a bailar "El Tiburón" y a colorear fichas de "La Bella y la Bestia" al tiempo que les ponía la banda sonora de Disney en un CD. Todo esto, sin tener conocimiento alguno (ni ganas de tenerlo) de que su rendimiento en la escuela de música estaba siendo excelente. Hasta el punto en el que su profe, aun sin conocer de sus altas capacidades, me llamó un día para comentarme que Jon... desde luego era diferente.
 Obviamente  en lo que respecta a las altas capacidades intelectuales es muy peligroso si lo que manejamos en torno a este tema son ideas basadas en un rendimiento brillante en todas aquellas áreas que toque, llegando incluso a olvidar el aspecto más importante de las AA.CC. en la infacia y no es otro que el de que siguen siendo NIÑ@S. La ignorancia tiende a ser mucho más osada que la prudencia y la cautela.

A mí no me gusta etiquetar. Mis hijos tienen nombre y apellidos, son Jon, Álex e Íker, entre sí son diferentes, tienen su propia identidad y es algo que se va definiendo mucho más allá de si "son" o "no son" de altas capacidades.
De la misma forma, y probablemente con la misma intensidad, también afirmo que si bien ya resulta complicado en sí, que se actúe y se trabaje una vez identificadas las altas capacidades, desde luego, si no las IDENTIFICAMOS, eso sí que será una garantía de que no se va a hacer NADA. Me da exactamente igual que basándose en argumentos demagógicos se hable de la importancia de la escuela inclusiva, de la atención individualizada y de la importancia de no poner una etiqueta, porque sabemos de sobra que detrás de todo esto está una realidad que experimentamos en el día a día una amplia mayoría de las familias de niños y niñas con altas capacidades, y es precisamente que la sensación con la que nos vamos a casa cada vez que oímos todos estos argumentos no es otra más que se nos ha vendido (una vez más) toneladas de humo. Porque una cosa es no etiquetar y otra muy diferente es cerrar lo ojos ante la evidencia.
¿Cómo podemos determinar el tratamiento más adecuado para una persona que padece diabetes? ¿No "etiquetándola como diabética" para que así haga una vida lo más normalizada posible?

Despertemos de una vez y empecemos a llamar a las cosas por su nombre, porque el argumento de "mejor no etiquetar" lo que está llevando detrás implícito es "no me des guerra, que no quiero hacer absolutamente NADA con tu hij@". Y eso como familias, simplemente no lo podemos seguir consintiendo.

7 comentarios:

  1. ¡Aplauso!.. ¡estoy contigo! .. No etiquetar y "dejar que el niño sea feliz" junto al "no lo veo" a pesar de los informes de superdotación existentes y que no arrojan dudas, son las mayores estuipideces que tenemos que oir los padres de niños de Altas Capacidades. Se confunde "no etiquetar" con "no identificar y no actuar". En nuestra mente se activa el concepto peyorativo de "etiquetar", etiquetar de vago, de payaso, de tonto o de lento, cosas que si hacen con frecuencia los profesores. Pero identificar la superdotación o el talento, asi como cualquier otra necesidad educativa de cualquier alumno para actúar en consecuencia es su obligación y nuestro derecho.

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    1. Exactamente. Derechos, que no privilegios.... y los derechos no se conceden sino que se respetan y se cumplen.

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  2. Amén, Sonia. Cuánto niño desatendido por esa coletilla, la de "no es bueno etiquetar", que se ha logrado colar en un ámbito como el de las AACC, en el que no tiene sentido. Es justo como se explica en el comentario anterior, etiquetar de algún defecto subjetivo para el adulto sí que es dañino para el niño, igualmente etiquetarle con una etiqueta irónica, como el "cerebrito", "el genio de la clase", para hacerle sentir mal y obligarle a cumplir unas expectativas altísimas. Pero darle un nombre a su forma de pensar y sentir, como medio para que padres, educadores e investigadores se pongan de acuerdo en dar y encontrar información sobre el tema, ni es etiquetar ni afecta al niño más que en forma positiva. Lo contrario es dejación de nuestra responsabilidad como educadores, habida cuenta de los problemas que suelen surgir por la falta de atención a las necesidades educativas específicas de estos niños.

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    1. La "etiqueta" (como ell@s la llaman) sólo adquiere una connotación negativa desde la perspectiva del que posee prejuicios.
      Yo mido 1,60 (y con tacones jeje) y forma parte de mí, no es negativo ni positivo en sí mismo. Sólo cuando alguien piensa en esa estatura como un hándicap para mí o me define de manera global en función de un rasgo concreto, es cuando se considera con el "derecho" a decirme despectivamente "bajita" o "pequeñaja"

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  3. Totalmente de acuerdo, Sonia. Algo parecido nos insinuaron a nosotros en el colegio sobre nuestro hijo, "¿para qué etiquetarle si a día de hoy no tiene problemas?". Pero nosotros, sus padres, ¿vamos a jugar a la lotería y esperar a ver si tenemos suerte y en el futuro le sigue yendo bien? ¿O vamos a movernos proactivamente para dotar a nuestro hijo de las herramientas necesarias que eviten o disminuyan problemas futuros, tanto en casa como en el colegio? ¿Para qué sirve la detección temprana si luego no se toman medidas? Ignorar las altas capacidades de los niños es ignorar parte de su realidad, pues no es un simple adjetivo o etiqueta, sino parte de su esencia, de su manera de pensar y de vivir.

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  4. La información es poder; poder para ayudar, guiar y comprender. En definitiva, para proorcionarles a nuestros hijos y alumnos un mayor conocimiento y comprensión de sí mismos. Y eso, desde mi punto de vista, es muy calioso

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