miércoles, 4 de enero de 2012

PREFERIMOS PREVENIR ...¿O CURAR?


En numerosas ocasiones me he preguntado hasta qué punto el ser humano actúa en el momento adecuado o simplemente reacciona ante las adversidades. Lógicamente, esto me llevaría a reflexionar acerca de cuándo puede ser el momento adecuado para llevar a cabo dicha actuación. ¿Es mejor aprovechar una época de bonanza para tumbarse a descansar cual cigarras? o por el contrario... ¿habría que aprovechar dicha época para seguir trabajando y que no nos pille el toro cuando llegue el invierno, cual hormigas?
Quizá uno de los problemas que nos podemos hallar se encuentra en la propia concepción del "trabajo" que solemos tener. Lo percibimos como algo tedioso, pesado y monótono, lo cual no es de extrañar... llevamos años recibiendo esa información, pero no tendría por qué implicar eso (trabajar más contento/a).

En todo caso, cuando nos encontramos en un momento, personal o social, de crisis, somos partícipes con relativa facilidad de determinadas afirmaciones como vivimos ante una crisis de valores, o estamos pasando por una etapa de relativismo moral y acomodación mental. En fin. Quizá cabe recordar que la palabra "crisis" no implica el sentido que parece que más se transmite a través de medios de comunicación (situación de extrema negatividad ante la cual poco podemos hacer l@s ciudadan@s de a pie), sino todo lo contrario: es una época, o un sentimiento necesario que aflora ante determinadas situaciones, ante lo cual cabe meditar y reflexionar para luego actuar y que se produzca el cambio pertinente. Aunque desde luego, esto no implica que tengamos que esperar a que lleguen momentos más difíciles para empezar a cuestionarnos qué es lo que ha estado yendo mal... o lo que es lo mismo, no esperar a que explote la bomba que teníamos delante de nuestras narices para empezar a quejarse por haberla tenido delante, sin haber hecho nada para evitar la explosión.

Lo cierto es que en esta ocasión quisiera poder repetir la interesante conversación que he mantenido con mi amigo José Luis Sánchez... una vez más :-)
En sus propias palabras, cuando nos encontramos en plena borrachera, tendemos a captar la realidad de un modo distorsionado. Claro que es así. Aunque también es verdad que puede existir la tendencia a reaccionar, más que a actuar. O lo que es lo mismo: preferimos curarnos una herida antes que prevenirla. Pero un animal herido no actúa con la coherencia racional que debería: se vuelve peligroso y ataca de manera violenta porque está asustado y el miedo puede paralizar su capacidad de raciocinio.
Si pudiésemos aprovechar esos momentos de estabilidad emocional para aplicar nuestra capacidad de análisis, podríamos llegar a prevenir la aparición de la herida. En cambio, en ese momento preferimos frenar nuestro funcionamiento neuronal. Nos acomodamos a lo fácil, en lugar de continuar buscando retos.

Efectivamente, cuando nuestro estanque de la vida está en calma y el agua aparentemente se halla tranquila, tememos removerla por si el poso del fondo sale a la superficie.
Recuerdo en una ocasión que alguien me dijo que en psicología tenemos la costumbre de recomendar "hablar las cosas no en el momento de la discusión, sino cuando nos encontremos más calmad@s"... pero es que "cuando estoy calmado, no me apetece volver a sacar el tema que sé que nos va a hacer discutir de nuevo". Entonces quizá lo que sí que necesitamos es que se nos anime a PENSAR, a razonar y discurrir cómo llevar a cabo la comunicación para que ésta resulte fructífera, y no llegue al caos. Porque lo cierto es que no cerremos los ojos ante una farola, no va a hacer que evitemos el choque frontal con ella. Más bien, todo lo contrario. La farola va a seguir ahí. Lo mismo que el poso en un estanque.

Cabría entonces intentar buscar la manera de capear el temporal sin que nos llegue a arrollar la corriente, y sin vivir eternamente preocupados por el momento de su llegada. Así que, con permiso de su autor (anteriormente mencionado), me gustaría concluir con su genial descripción de la importancia de aprender a manejar nuestro flujo vital.


Habría al menos tres formas:

1) CORRIENTE ENCRESPADA.- Hace daño. Y acaba arrollándonos por mucho que intentemos luchar para superarla: estamos nadando contracorriente.

2) FLUJO NATURAL.- Refresca y renueva. En ocasiones el agua estará más cristalina y en otras en cambio, el poso del fondo se hace visible y la enturbia... pero también sabemos que es fruto del cauce natural, lo cual hace que se incremente la probabilidad de conseguir de nuevo agua clara y fresca.

3) AGUAS ESTANCADAS.- Se pudren. Si no hay movimiento por temor a que no se remueva el fondo, tarde o temprano, vamos a necesitar depurarlas de algún modo.

4 comentarios:

  1. La metáfora del flujo vital sirve tanto para las emociones como para los pensamientos. Y es que ambas son fluentes (energeia aristotélica).

    Precisamente encontramos esa sensación agradable asociada al flujo natural en los momentos que emerge el diálogo en su sentido originario de fluir-con-el-verbo (dia-logos). Si nuestro modo normal de funcionar es ese, vemos con naturalidad el que el diálogo sea nuestro modo de entendernos con otros.

    Asociado a este término tenemos dos que en su raíz semántica significan cosas muy diferentes. Hablamos de debatir y discutir.

    Debatir alude a la acción de batir al otro, de vencerle con nuestro discurso o razonamiento. En los debates las personas se encienden, se les encrespan las olas emocionales y posiblemente las del pensamiento, pero su objetivo no es hallar cosas en el intercambio sino terminar venciendo en la disputa. Quien funciona normalmente de este modo ve natural debatir por todo. Y no se incomoda ante esa lucha de poder.

    Discutir, en cambio, apunta a la acción de percutir o golpear a otros con nuestro verbo. Obviamente también nos habla de aguas encrespadas. En las discusiones afloran los resentimientos, que son aguas estancadas, posos de sentimientos a los que no se les permite salir y liberarse. Pero en realidad no nos deja satisfechos plenamente sino que siguen ahí, actuando por nosotros, convirtiéndonos en un resorte reactivo constante. Quien funciona de este modo normalmente también ve natural discutir como modo de interacción con otros.

    Como verás, hay diferencias sustanciales entre esos modos de interactuar. Y sus orígenes y consecuencias son muy distintos.

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  2. Claro. Y en la comunicación y la manera de entenderla y llevarla a cabo, podemos percatarnos de la forma en la que entendemos nuestro flujo vital. Mediante diálogos constructivos, silencios (necesarios a veces y en otras ocasiones destructivos) o ataques verbales.
    Sigue resultando aplicable igualmente la metáfora "acuática"
    Gracias por la aportación, "autor" :-)

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  3. ¡Exactamente Yolanda! Pocas cosas son tan valiosas en la vida como poseer la posibilidad de mantener una buena comunicación con las personas de nuestro entorno... es una necesidad básica. Sentirnos escuchad@s y escuchar, compartir ideas y opiniones. A veces coincidencias, otras en cambio desacuerdos, aunque en todo caso nos enriquece.
    Por eso es tan importante incidir en mantener una buena comunicación como parte vital de nuestro flujo. :-)

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