Curiosa frase. A pesar de tratarse de un dicho que pasa de generación en generación, cada vez que se pronuncia "madre no hay más que una", puede estar agregándose un nuevo sentido. Depende de quién la pronuncie y de la intención con la que lo haga. Si lo hago yo como madre, probablemente esté aludiendo a amor, coraje, lucha,... Si lo hace un@ hij@ que siente que ocasionalmente "padece" a su madre, probablemente añadirá la coletilla de "...¡y gracias a Dios!" :-).
Pero hay más posibilidades. Tantas como personas que la pronuncien. Y de vez en cuando, si lo escuchamos de una tercera persona cuando estamos hablando del tema de las altas capacidades de nuestr@s hij@s, una no sabe muy bien cómo tomárselo. Normalmente, duele.
Las altas capacidades no son un invento moderno. No es una mera etiqueta que queremos colocar a nuestr@s hij@s para demostrar al mundo que son más list@s que nadie (o que nos queremos colocar nosotr@s mism@s). Son una condición. Son un don, cierto, pero que como gran parte de las cosas importantes en la vida, no crecen por sí solas. Y si no se les permite desarrollarse, diseñando un marco adecuado para potenciarlas, pueden llegar a ocultarse. ¿Y cuál puede ser la consecuencia? Que cuando dejamos de aceptar lo que sentimos y lo que somos, cuando no tenemos la posibilidad de exponerlo con naturalidad o cuando nos topamos una y otra vez con una continua incomprensión (ya no sólo institucional, sino también social), es cuando dejamos de hablar de "don" para empezar a hablar de "problema".
¿Ayuda o caridad?
Cuando leí ese comentario a propósito del último post de este blog, que acabo de utilizar para poner título al presente, he de reconocer que me embargó la ira. Y comenté algo, lo cual posteriormente eliminé, porque no me gustaría que llegara a malinterpretarse. Contesté que si en lugar de estar hablando de la alta capacidad de mi hijo, lo hubiese hecho de algún tipo de discapacidad, probablemente no hubiese osado a hacer ese comentario. Y lo borré precisamente porque lo que deseo es que se entienda lo que quiero decir realmente.
Cuando un@ niñ@ posee algún tipo de discapacidad, hay mucha mayor probabilidad de que se le coree:
- ¡Ánimo, que tú puedes!
- Sácale el máximo partido a lo que puedes hacer
- No te centres sólo en lo que no puedes conseguir
- Acepta tus límites, pero luchas por tus potencialidades...
Y cuando se consigue algo que parecía "supuestamente increíble", entonces sale en las noticias, hay un programa especial, se da difusión al mensaje "coraje de superación"....
No nos engañemos. Si bien es cierto que es necesario que se hable de nuestr@s niñ@s cuando poseen algún tipo de excepcionalidad, sea del tipo que sea, nos suele hacer un flaco favor que el tono de la noticia vaya más encaminado hacia la compasión y la caridad que hacia lo que cada un@ de est@s niñ@s necesita realmente: empatía, comprensión y que se les escuche a ell@s, sus necesidades reales y diarias.
Es complicado no estar dentro de la normalidad estipulada dentro de la campana de Gauss... da igual que sea hacia el este, que hacia el oeste. En cambio, lo que sí es cierto, es que el mensaje que se da parece que debe de ir acompañado de algún "pero" o "a pesar de", porque de lo contrario, no hay noticia. Si una chica es una excelente abogada, a pesar de que le falten ambos brazos, o si un chico consigue sacar la carrera de magisterio, a pesar de tener síndrome de Down. Y en el caso de l@s niñ@s de altas capacidades, también hay que buscar ese "a pesar de"... así genera al menos compasión y se convierte en noticia.
Pero no queremos dar pena. Y si intentamos difundir el mensaje en positivo, no centrado en "esos pobrecit@s niñ@s que aunque son tan list@s, sufren tanto, son un@s inadaptad@s y fracasan en la escuela" (¿ves? si en realidad merece la pena ser normalit@, ¿para qué sirve ser inteligente?), si intentamos huir de esa carga más prejuiciosa que real, entonces es cuando se recibe por respuesta madre no hay más que una.
Pues es una lástima que no se nos quiera ni escuchar... no hay peor ciego que el que no quiere ver.
Tiritas para todos los males
"Los españoles somos los de la tirita"... nos recordaba mi amigo José Luis Sánchez, haciéndose eco de las palabras de Echanove. Efectivamente, en ese momento, comenté que había tenido una especie de dejà-vu, aunque en realidad sí que era algo mucho más profundo que todo eso.
Cuando en una ocasión hablé en otra entrada acerca de los sentimientos que en mí afloraban cada vez que voy al colegio y las "soluciones" que proponen al "problema" de mi hijo, acabé por darme cuenta de que en realidad, antes de llegar a determinar nada en firme, antes de llevar a cabo un proceso exhaustivo de evaluación con el niño y con su entorno (tanto nosotros, el padre y la madre, como la propia maestra), sin querer ni llegar a considerar el informe privado, sin que después de 2 años se me haya entregado informe alguno por parte del orientador (con el que SÍ que he hablado, SÍ que le ha pasado pruebas, SÍ que ha obtenido resultados, según sus palabras espectaculares para su edad)... antes de todo esto, ya se le estaban poniendo las oportunas "tiritas". A lo cual, el curso pasado, tanto mi marido como yo nos opusimos: NO se llevará a cabo nada extraordinario con el niño hasta que no haya interés real por entender a mi hijo de manera global.
Se escapa de mi comprensión que sin conocer a un niño, tan sólo guiándose por "posibilidades", ya se pretenda aportar lo que llaman una solución a.... ¿a qué? me he preguntado una y otra vez. Si es imposible que lo sepáis, porque por el momento, no existe el más mínimo interés. No han habido aportación de soluciones construtivas, sino tiritas: si veo que te cuesta relacionarte.... voy a trabajar eso.
Pero es que hay considerar un pequeño-gran detalle: ¿por qué se da este hecho? Sólo cuando se busque una respuesta, la actuación posterior será la adecuada. Y la actuación posterior también ha de pasar por lo que a mi hijo le convenga. Pero lo que le convenga realmente, no lo que los demás puedan opinar acerca de "lo que le conviene".
Cuando obviamos el porqué de las cosas y aún así nos empeñamos en aportar una solución, lo que en realidad estamos haciendo es colocar una tirita: parece que estamos haciendo algo, pero lo que en realidad lo que sucede es que tapamos aquello que consideramos inoportuno.
Y lo que es peor aún: cuando la tirita se coloca sobre tejido sano, éste no está en contacto con el aire y la luz, tan necesario para que lo sano siga su curso, lo cual puede hacer que el tejido enferme.
A esto, me niego en rotundo. Me da lo mismo que me acusen de "madre despreocupada" por no aceptar la supuesta ayuda que pretendían prestar a mi hijo (que de hecho así fue) o de "madre prepotente" porque me empeñe en demostrar que las altas capacidades (de mi hijo o de cualquier niñ@) NO SON UN PROBLEMA, porque quiero aportar una visión positiva del concepto. Porque aunque a veces sea duro, no lo es tanto por nuestr@s niñ@s, sino por la gran cantidad de incomprensión y falta de empatía con la que de vez en cuando nos hemos de enfrentar.
.... al fin y al cabo, es que "madre, no hay más que una...."...y padre.









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