sábado, 20 de abril de 2013

¿CÓMO ENFOCAMOS LA ALTA CAPACIDAD DESDE LA FAMILIA?

En esta ocasión, permitidme que sea un poco crítica con la actitud de algunas familias ante la alta capacidad de sus hijos e hijas. Soy consciente que cada un@ hace lo que puede, incluso en ocasiones mucho más que eso (parece que se sacan 28 horas al día para dedicarles el tiempo que se merecen) y por eso no quiero que  esta crítica suene como algo destructivo... todo lo contrario. Me gustaría que se pudiera aplicar en un sentido lo más constructivo posible para poder seguir avanzando y suponiendo un apoyo importante para nuestr@s hij@s. Al fin y al cabo, la familia somos su guía fundamental e incluso el espejo donde se miran en muchísimas ocasiones.

Las personas adultas hemos de ser muy cautas a la hora de interpretar las reacciones de nuestr@s hij@s. No podemos cegarnos con la idea de que mejor que una madre o un padre nadie puede conocerl@s mejor, porque si nos empeñamos en pronosticar sus sentimientos y pensamientos, cabe la posibilidad de que nos equivoquemos.

Deberíamos empezar quizás por plantearnos seriamente una serie de preguntas antes de haber emitido ya la contestación. Al fin y al cabo, ser madre o ser padre no significa tener siempre las respuestas a todo. Si no hacemos esto, cabe la posibilidad de caer en los mismos sesgos y prejuicios acerca de las altas capacidades que en tantas ocasiones hemos criticado.

¿Qué significa que las altas capacidades intelectuales suponen un grupo altamente heterogéneo?
¿Por qué un@ niñ@ se aburre? ¿Es porque ya sabe todo lo que están explicando o será por otra cosa?
¿Tod@s l@s niñ@s de altas capacidades preguntan constantemente en el cole? ¿Tod@s son inquiet@s por naturaleza?
¿Por qué de pronto disminuye su rendimiento escolar?


Voy a contaros una historia real que conozco muy bien. Es la historia una persona que en su etapa escolar, siempre sacaba 10 (aunque alguna vez cayó un 9,75, e incluso 9). No estudiaba nunca en casa, y es que no le hacía falta porque prefería atender a las explicaciones de su maestra y con esto le bastaba. Era una niña buena, que nunca protestaba en el colegio aunque fuera castigada injustamente, que no hablaba con nadie porque no sabía de qué hablar, que no preguntaba en clase por no molestar y que cuando la maestra preguntaba algo, normalmente se sabía la respuesta, pero jamás contestaba en voz alta, salvo que le preguntaran directamente a ella (incluso alguna vez le avergonzaba responder y aun sabiendo qué era lo que tenía que decir, prefería no abrir la boca).
Pero llegaron los 12 años y todo empezó a cambiar. El rendimiento escolar empezó a bajar. No es que suspendiera precisamente, sino que el 9 dejó de ser la excepción por abajo y empezó a ser la excepción por arriba... con un 7 ya se conformaba. Y no digamos cuando empezó el instituto y empezaron a caer los primeros suspensos.
Empezó a tener AMIG@S, así con mayúscula, porque lo que tenía hasta entonces solo eran niñ@s que iban con ella a clase. Se empezó a dar cuenta de lo importante, interesante y constructiva que era la vida real, y de lo poco que tenía que ver con lo que en el colegio le enseñaban.
Y aunque le encantaba la trigonometría de las matemáticas de 2º de BUP (algo muy entretenido), empezó a aburrirse. Mucho. Muchísimo. Especialmente en clases de historia y de geografía.... aquí podría caber pensar que como era de alta capacidad, se aburría porque no la dejaban avanzar más, o porque todo lo que contaba el profesor ella ya lo conocía. Pues no. No tenía ni idea de lo que le estaban contando, pero es que no le interesaba en absoluto....¿para qué quería saber la vida de Isabel La Católica?? ¿qué utilidad tenía conocer lo que había pasado hacía casi 5 siglos? Pero si apenas era capaz de entender el motivo por el que España había entrado en la CEE en los años 80.

El motivo del aburrimiento no era la cantidad de conocimiento, sino que simplemente nadie le explicaba POR QUÉ tenía que aprender aquello (más allá de "hay que estudiar para aprobar"). No era que ella ya supiera todos aquellos contenidos, sino que el concepto de aprendizaje significativo no era algo que interesara a tod@s l@s maestr@s y profesor@s de aquella época.
Vivimos desde que nuestr@s hij@s son pequeñ@s toda esa necesidad de entender la utilidad, de comprender e ir más allá de lo que alguien cuenta. Y eso no es algo que desaparezca con el paso de los años. Al contrario: se acentúa.

Esta historia no significa que así es cómo sienten niños y niñas con altas capacidades. En absoluto. Solo pretende ser la exposición de algo real y por lo tanto que cabe dentro del inmenso abanico de posibilidades en la manera de sentir y de pensar. He aquí la gran heterogeneidad.

No interpretemos la realidad vivida por otras personas, aunque sean nuestr@s hij@s. Preguntémosles qué sienten, qué piensan, por qué creen que han reaccionado de esa manera y no de otra ante una determinada situación, cómo perciben su propia vida, qué opinan de lo que acontece y les repercute de forma directa... conozcámosles realmente.
Y para ello hay que interactuar y escuchar a las personas que son las más expertas en el tema de las altas capacidades: nuestr@s hij@s.

4 comentarios:

  1. Hola cariño mío, aunque no te conteste me lo leo todo, todo, todo...pero voy con esa aceleración que tú ya me entiendes, que no me queda tiempo para lo que me gustaría que es el detenimiento. pero bueno, eso es lo de menos entre las dos, porque el detenimiento sería adulación y decirte que me lees el pensamiento...ja,ja,ja !!! Que te quiero y aunque no te conteste, que sepas que estoy aquí detrás de esta pantallita y tú en mi corazoncito.

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  2. Mi hijo mayor el otro día me dio un ejemplo para esto que cuentas.
    - Mamá ¿y yo para qué quiero saber lo que pasó hace mil años?
    Yo que siempre intento decir algo, a veces era mejor callarse le dije:
    - Pues, por ejemplo, para no cometer los mismos errores
    Pasados unos ¿segundos? me dice:
    - Claro mamá, por si monto un imperio, que no se me hunda como a los romanos ¿no? Yo ya tengo un imperio: la república independiente de mi casa
    Conclusión: ¡Qué razón tienes!!! ;)

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  3. La razón que yo le daba a mi hijo era que había que estudiar para tener la seguridad de un empleo digno. Sólo hay que ver el panorama para distinguir lo iluso de mi comentario... Y él (8 años) me lo hizo ver. Recapacité y humildemente descubrí que la rázón de saber no es otra que evitar, las más de las veces, que te tomen el pelo, poder callar bocas que te escupan mentiras, diponer de argumentos contra las injusticias y poder pasear con la cabeza alta.

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  4. Gracias por este artículo. Justo estoy en ese momento. Mi hijo tiene 14 años y ya está en el punto en el que los suspensos son la mitad de sus notas. No sé cómo hacer para motivarle, pero lo más preocupante es que él mismo sabe, porque me lo ha dicho, que tiene que esforzarse, pero no encuentra motivación, simplemente no le entra en la cabeza. Y eso hace que esté triste e infeliz. Y yo desesperado.

    En fin, gracias por estar ahí y comprender.

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